jueves, 4 de junio de 2015

Personajes Famosos de Londres

Descubre que personajes han sido piezas clave en la historia de LONDRES, y en ocasiones, de la Humanidad:








                                                                  ENRIQUE VIII


Rey de Inglaterra

Nacionalidad:        Inglaterra


Rey 1509 - 1547

 



Galería de obras
La figura de Enrique VIII define una pequeña parte de la Historia de Inglaterra. Hijo de Enrique VII e Isabel de York, accedió al trono tras la muerte de su padre, en 1509, el mismo año que contraía matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, dentro de la política matrimonial desarrollada por los monarcas españoles encauzada a aislar al reino de Francia. En esta línea, Enrique participó en la política diseñada por sus suegros al enfrentarse con los franceses en la batalla de Guinegatte, obteniendo una importante victoria para las armas inglesas. Pronto empezó el monarca británico una política ambigua ya que firmó la paz, a instancias de su francófilo secretario el cardenal Wolsey, con Luis XII de Francia, entregándole a su hermana María por esposa. Dicha ambigüedad se manifiesta años más tarde al regresar a la alianza española, firmando con Carlos I el pacto de Gravelinas en 1520. Temeroso del ascenso español tras la batalla de Pavía Enrique decidió aliarse de nuevo con Francia y con el papado, enemigos declarados de los españoles.
Una nueva muestra de su ambigüedad se produce en estos momentos en los que se gesta su enfrentamiento con el pontífice. En un primer momento, el papa Clemente VIII le honró con el título de Defensor Fidei por sus escritos contra Lutero, pero las tensiones entre Londres y Roma estallan por asuntos matrimoniales. Tras su matrimonio con Catalina, Enrique no tenía el deseado heredero varón por lo que solicitó, a través del cardenal Wolsey, la nulidad del enlace para contraer matrimonio con Ana Bolena, dama de su corte de la que estaba enamorado. Como es lógico, Carlos V apoyaba con absoluta entereza a su tía Catalina para que no claudicara en sus legítimos derechos. A partir de este momento se inicia un conflicto religioso que acabará con el cisma de la Iglesia de Inglaterra.
Enrique acabó su relación con Ana Bolena de manera tajante, acusándola de adulterio por lo que fue condenada a muerte y decapitada. Un nuevo matrimonio con Jane Seymour resultó muy breve ya que la nueva esposa falleció al año siguiente (1537) con motivo de un parto. Viudo el rey volvió a contraer matrimonio con la luterana Ana de Cleves, enlace claramente de talante político. Tras dos años, Enrique repudiaba públicamente a su esposa y se casaba con Catalina Howard, que fue decapitada en 1542. Una última boda de Enrique, la sexta, fue con Catalina Parr, la única de sus esposas que le sobrevivió.
Una de las facetas más significativas de Enrique VIII es la príncipe mecenas, amante del arte y defensor de artistas como Hans Holbein. Su cultura e inteligencia no van reñidas con su carácter de monarca duro y tiránico, especialmente en los últimos años de reinado. Curiosamente, esto no resultó un contratiempo para contar con la fidelidad y el cariño de sus súbditos.  




Las seis esposas de un caprichoso Enrique VIII


"No te daré mucho trabajo, tengo el cuello muy fino". Estas palabras, dirigidas al verdugo que debía decapitarla con una espada, fueron las últimas que pronunció Ana Bolena antes de morir en el cadalso. Bolena se convirtió en la obsesión de Enrique VIII. Por conseguirla, el monarca anuló su matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos; se enfrentó a Carlos V, sobrino de ésta; y rompió con la Iglesia católica, a la que pertenecía.

Sin embargo, esta mujer, después de contraer matrimonio, quedó en manos de un monarca inconstante, que no dudó en inventar cargos contra ella, algunos absurdos (practicar la brujería para convertirlo en su esposo, mantener relaciones con cinco hombres, cometer incesto con su hermano George Bolena...) para conseguir su decapitación. Las siguientes esposas no tuvieron mucha más suerte.

Enrique era un apasionado de las mujeres, a pesar de no ser un gran amante. Ya desde pequeño tuvo problemas con su peso. Era un niño gordito, muy aficionado a los pasteles, chocolates y uvas. Su madre le regañaba por comer a deshoras. De mayor, la falta de ejercicio lo convirtió en un monarca obeso, aunque era simpático y bromista con las mujeres.





Al parecer, cuando Enrique VIII engordó y envejeció, dejó de ser buen amante. Sus mujeres sentían rechazo e, incluso, llegaron a reírse de él. Las que lo engañaron, le contaron a sus amantes las intimidades del decrépito monarca. Aún así, algunas lo quisieron. También lo amaban sus súbditos: el carácter duro y tiránico de este monarca, sobre todo en sus últimos tiempos, no supuso un obstáculo para contar con la fidelidad y el cariño de su pueblo.

La primera esposa de Enrique fue Catalina de Aragón (1485-1536), hija de los Reyes Católicos. Cuando Catalina tenía tres años, sus padres la comprometieron con el hermano mayor de Enrique, Arturo, que sólo tenía dos años de edad. Con casi 16 años, Catalina se casó con éste. A los pocos meses de celebrarse el enlace, Arturo, contrajo una infección y murió dejando a Catalina viuda y virgen.


Catalina de Aragón


Un retrato posterior de Catalina

El padre del futuro Enrique VIII, Enrique VII, deseoso de mantener la alianza entre Inglaterra y España, decidió que su hijo menor se casara con la joven viuda. Aunque el primer matrimonio no se había consumado, según afirmaba Catalina, se obtuvo una dispensa papal para despejar las dudas acerca de la legitimidad del segundo casamiento.

Tras la muerte de su padre, Enrique VIII subió al trono en 1509. Contrajo matrimonio con Catalina nueve semanas antes de su coronación. Su matrimonio, sin duda, se debía a razones de Estado, no al amor.


Coronación de Enrique VIII y Catalina de Aragón

Al parecer, la reina se quedó embarazada al menos seis veces, pero sólo sobrevivió una niña, María Tudor. Enrique tuvo varias concubinas, como María Bolena e Isabel Blount, con quien tuvo un hijo ilegítimo. Pero el monarca deseaba un hijo varón legítimo. Cuando Catalina cumplió los 42 años y parecía que ya no podría tener más niños, Enrique se interesó por la hermana de María Bolena, Ana (1500?-1536)).


Retrato de Ana Bolena

Se obsesionó con esta joven, a pesar de que no era una gran belleza. Al parecer, al verla representar una obra de teatro, el rey se sintió fascinado por su atractivo y empezó a cortejarla. Pero Ana no quería ser una simple amante, como había sido su propia hermana María, de modo que le negó sus favores sexuales hasta que la hiciera su esposa.

Ana había pasado años en la corte de Francia y allí se convirtió en una joven sofisticada, que hablaba con soltura francés, y vestía con elegancia. Tenía unos bellos ojos; un largo cuello; mucho encanto y una gran facilidad para tocar instrumentos musicales, bailar y declamar. Sabía que todas esas cualidades y su inteligencia pondrían al rey a sus pies y la convertirían en reina de Inglaterra.

Se dijo de ella que tenía numerosas verrugas y lunares y un sexto dedo en una de sus manos, pero quizás fueron invenciones del pueblo, que nunca la aceptó, porque resulta extraño que, con tantas imperfecciones, el rey se enamorase tan perdidamente de ella. Su pasión por Ana quedó reflejada en 17 cartas amorosas que le escribió y que, actualmente, se conservan en la Biblioteca del Vaticano.

Pero, para casarse con Ana, Enrique primero tenía que conseguir la nulidad de su matrimonio con Catalina. Era difícil conseguir dicha nulidad por impedimento de parentesco ya que la reina Catalina había testificado que su matrimonio con Arturo no había sido consumado. El monarca apeló directamente a la Santa Sede. Envió a su secretario William Knight a Roma para que transmitiera al Papa Clemente VII que la Bula del Papa Julio II había sido obtenida mediante engaños y era nula. Cuando Catalina tuvo noticia del proyecto de su marido de anular el matrimonio se alteró mucho. También apeló al Papa, que consideró que la apoyaría, siendo su sobrino Carlos V, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Enrique estaba decidido a romper su matrimonio y fue despojando de su poder y riqueza a todos los miembros de la Iglesia de Inglaterra que se opusieran a sus pretensiones. Convirtió a Thomas Cranmer en el nuevo arzobispo de Canterbury.


Ana Bolena

A finales de 1532, Ana, ante la insistencia de Enrique de tener relaciones sexuales, terminó cediendo y en diciembre se quedó embarazada. El 25 de enero de 1533 contrajeron matrimonio en secreto. Cranmer declaró la nulidad del matrimonio con Catalina, y sostuvo la validez del matrimonio con Ana. Enrique se separó de la Iglesia Católica de Roma (cisma anglicano) y se hizo reconocer como jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra. Clemente VII, que, después de sus dudas y ambivalencias, consideró legítimo el matrimonio con Catalina, excomulgó a Enrique.

Catalina de Aragón, confinada en varios castillos húmedos y malsanos, nunca renunció a sus derechos de reina ni aceptó la nulidad de su matrimonio. En el castillo de Kimbolton, murió de cáncer el 7 de enero de 1536, a la edad de 50 años.

El parlamento dio el visto bueno al matrimonio entre Enrique y Ana Bolena en el Acta de Sucesión de 1534. Todos los adultos fueron obligados a admitir lo dispuesto en esta Acta; quienes la rechazaban eran condenados a prisión de por vida. La publicación de cualquier escrito en el que se indicase que el matrimonio de Enrique con Ana no era válido se consideraba un delito de alta traición, castigado con pena de muerte. Algunos opositores, entre ellos Tomás Moro, fueron ejecutados.

Pero, después de tres años de convivencia, también Ana Bolena dejó de atraer al monarca. Enrique, además, estaba decepcionado de ella porque tampoco le había dado un hijo varón, la princesa Isabel no era suficiente. Ana tuvo dos embarazos más, uno de ellos de un hijo varón, pero no sobrevivieron. La relación entre ambos se enfrió rápidamente.

Tampoco el pueblo aceptaba a Ana (a la que llamaban "la ramera del rey"), sobre todo por su orgullo. Por otra parte, el rey contrajo la sífilis, lo que agrió aún más su carácter. Pero, sin duda, una de las principales causas que contribuyó a que su matrimonio fracasara fue Jane Seymor, una doncella de la corte que se convirtió en el nuevo capricho del monarca.


Jane Seymour

Para deshacerse de Ana, la acusó de diversos delitos: usar la brujería para convertirlo en su esposo, tener relaciones adúlteras con cinco hombres, cometer incesto con su hermano George Bolena, Vizconde de Rochford, injuriar al Rey y conspirar para asesinarlo, lo que se consideraba alta traición.

En mayo de 1536, se condenó a Ana y a su hermano a muerte: el Rey debía elegir si por la hoguera o por decapitación. Los otros cuatro hombres, acusados de tener relaciones con Ana, fueron condenados a ser colgados, ahogados y descuartizados. George Bolena fue decapitado, después de celebrarse el juicio; los otros cuatro condenados consiguieron que su pena fuese conmutada por decapitación.

Ana también fue decapitada al poco tiempo. El rey la mandó a la Torre de Londres y le arrebató a Isabel, a la que declaró bastarda. Encerrada en la Torre, Ana fue consciente de que su vida se acababa, comenzó a aterrorizarse y a llorar de manera histérica con frecuencia. Sin embargo, el día de la ejecución, Ana mostró una gran entereza y dignidad e hizo el famoso comentario sobre su delgado cuello.

A los pocos días de ser decapitada Ana, Enrique VIII se casó con Jane Seymour (1509-1537). El Acta de Sucesión de 1536 declaró a los hijos de la reina Jane dentro de la línea de sucesoria, excluyendo a Lady María y a Lady Isabel.



Jane Seymour

Por fin, Enrique VIII tuvo, con esta esposa, su ansiado hijo varón, el príncipe Eduardo. Jane dio a luz en 1537; asistió, muy débil al bautizo de su hijo, y falleció dos semanas después. El rey la consideró siempre su "verdadera" esposa, porque fue la única que le dio el heredero varón que tanto deseaba. Enrique la enterró en la Capilla de San Jorge, en el Castillo de Windsor, lugar que él había destinado para su propia tumba.


Curiosa escena familiar la del cuadro de la imagen superior. En él aparecen, en primer plano, de izquierda a derecha: la princesa María Tudor, el príncipe Eduardo, Enrique VIII, Jane Seymour (que, realmente, ya había fallecido) y la princesa Isabel.


El príncipe Eduardo

Eduardo era un niño muy débil y el monarca decidió que debía volver a casarse para tener otro varón más saludable. Le sugirieron que lo hiciese con Ana de Cleves (1515-1557) , hermana del protestante Duque de Cleves, que sería un importante aliado en el caso de que Roma atacara a Inglaterra.


Ana de Cleves

Hans Holbein el Joven pintó un retrato de Ana para el rey. A Enrique le agradó el retrato y decidió desposarse con ella. Pero cuando Ana llegó a Inglaterra, el rey no la encontró nada atractiva e, incluso, la llamó en privado "la yegua de Flandes". El pintor decidió favorecerla en el retrato y no mostrar su cara picada de viruela. A pesar de su gran decepción, Enrique contrajo matrimonio con ella el 6 de enero de 1540. Este enlace respondió a razones políticas, como el que contrajo con Catalina de Aragón.


Retrato de Ana, pintado por Hans Holbein el Joven

Pero, al poco tiempo, Enrique quiso terminar el matrimonio. La reina no le gustaba y, además, el Duque de Cleves se había enfrentado al Emperador del Sacro Imperio Romano, con quien Enrique no quería tener dificultades. A diferencia de Catalina, la reina Ana, sabiendo lo peligroso que era su marido cuando quería conseguir una ruptura, no puso obstáculos a la anulación. Testificó que el casamiento no se había consumado y afirmó que Enrique cada noche entraba en su habitación para besarla en la frente y desearle las buenas noches.

El matrimonio fue declarado nulo. Ana recibió el título de "Hermana del rey" y recibió el castillo de Haver, la ex residencia de la familia de Ana Bolena. Su vida transcurrió, de forma discreta, fuera de la corte.

El 28 de julio de 1540, Enrique se casó con la joven Catalina Howard (1521-1542), a la que él llamaba "la rosa sin espinas", y que era prima de Ana Bolena. Catalina era dama de compañía de la reina Ana de Cleves. El rey la convirtió en su amante y, cuando consiguió la nulidad de su matrimonio con Ana, la hizo su esposa. Enrique tenía casi 50 años, Catalina sólo 19.


Catalina Howard

Enrique, un hombre ya mayor y obeso (medía 137 centímetros de cintura), obsequió a su joven mujer con joyas y otros valiosos regalos, pero aún así no consiguió interesarla. A ella le desagradaba el cuerpo de su esposo y pronto buscó amantes jóvenes y atractivos. Uno de los cortesanos favoritos del rey, Thomas Culpeper, se convirtió en su amante.

Los rumores de sus infidelidades llegaron hasta los oídos del monarca que, en un principio, no quiso creerlos, pero cuando las evidencias fueron claras, Enrique mandó vigilarla. Se descubrió una carta de amor que había escrito a Culpeper. Fue acusada de adulterio que, en el caso de la reina, significaba también delito de traición.

La reina fue encerrada en la abadía de Middlesex en invierno de 1541. Sus amantes, Thomas Culpeper y Francis Dereham, fueron ejecutados el 8 de diciembre. Catalina fue llevada a la Torre de Londres el 10 de febrero de 1542. La noche anterior a su ejecución, pasó horas practicando como colocar su cabeza sobre el cadalso. El 13 de febrero de 1542 subió al cadalso con gran dignidad, aunque estaba pálida y aterrorizada. Antes de morir, pidió perdón a su familia y rezó por la salvación de su alma. Fue enterrada junto a su prima Ana Bolena.

La última esposa de Enrique VIII fue Catalina Parr (1512-1548). Catalina era una viuda, perteneciente a la nobleza, que había recibido una exquisita educación. Se había casado ya en dos anteriores ocasiones: con Lord Edward Borough, que falleció en 1533; y con Lord Latimer, que murió en 1543. Tras esta muerte, Catalina, convertida en una rica viuda de 31 años, empezó una relación con Thomas Seymour, hermano de la difunta reina Jane Seymour. Pero el rey irrumpió en la vida de Catalina impidiendo que pudiera contraer matrimonio con Seymour. Por lo visto, ella fue a la corte a pedir clemencia por la mujer de su hermano, acusada de adulterio con pruebas concluyentes. El monarca aprovechó la ocasión para pedirle que lo aceptase como esposo y ella consideró un deber hacerlo.


Catalina Parr

Se casaron el 12 de julio de 1543. Catalina medió en la reconciliación de Enrique con sus hijas, María e Isabel, y mantuvo también una buena relación con el príncipe Eduardo, futuro rey Eduardo VI.

Enrique VIII falleció el 28 de enero de 1547. Fue sepultado en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, al lado de Jane Seymour. Sus últimos años fueron muy difíciles, debilitado por la gota, aguantando fuertes dolores, su estado físico fue progresivamente empeorando hasta su fallecimiento.

Después de la muerte del rey, Catalina se casó casi de inmediato con Tomás Seymour, pero su felicidad no duró mucho. Tomó bajo su tutela a la princesa Isabel, pero su marido fue acusado de abusar de la adolescente princesa Isabel, que tuvo que salir de la mansión donde los tres residían. Por otro lado, Catalina, que no había tenido hijos de sus anteriores matrimonios, quedó embarazada y murió, con 37 años, por complicaciones en el parto.

Curiosamentre, en 1782 un caballero llamado John Lucas descubrió el ataúd de la reina Catalina entre las ruinas del castillo de Sudeley. Cuando abrió el féretro, encontró el cuerpo, después de 234 años, en un asombroso estado de conservación. Tomó unos cuantos mechones del cabello del cadáver y cerró de nuevo el ataúd. Cuando el féretro se abrió de nuevo de forma oficial en 1817 sólo quedaban restos de un esqueleto.









                                                             HORATIO NELSON


Horatio Nelson el gran marinero británico, famoso por su triunfo frente a la Armada hispano-francesa en Trafalgar fue un héroe en vida, pero hubo un asunto que la moral del Imperio Británico de finales del Siglo XVIII y principios del XIX nunca le perdonó, su vida privada.

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Horatio Nelson

Nelson desde que ascendió a capitán, quería casarse y conoció a una joven viuda en la isla de Nevis de la que se prendó. Nelson tenía entonces 32 años y buscaba la seguridad de un matrimonio. La viuda llamada Frances Nibet (Fanny) era una mujer muy nerviosa, algo incoveniente en la vida de un soldado. Tras casarse Fanny no celebraba las victorias de su marido, sino que le embargaba el pesar de volver a enviudar. Nelson se cansó de esta situación y le escribió una vez una carta que decía "Tengo una vida desgraciada. Envidio una muerte gloriosa".

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Frances Nibet




En 1793 fue destinado a Nápoles, allí conoció al anciano embajador británico, Sir William Hamilton y a su  joven y alegre esposa Emma. Una treinteañera rellenita pero muy atractiva con una gran pasión por la vida. El amor surgió entre los dos. Hamilton era consciente del afecto entre su esposa y Nelson, nunca se mostró resentido por esa relación. Es más hubo una época que los tres vivieron juntos.

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Emma Hamilton





Hasta 1798 estuvo destinado en Nápoles donde ya era todo un héroe por sus victorias en el Algarve y Abukir. Cada vez estaba más unido a Emma y los rumores de su relación adúltera comenzaban a llegar a Inglaterra y a Fanny Nelson. Nelson se dio cuenta que tenía que elegir entre dos mujeres y por supuesto ganó Emma que ya estaba embarazada de su primer hijo. Y tras diez años dio por concluido su matrimonio.

Regresó a Inglaterra en 1799 ya nombrado "par de la corona" y duque de Bronte. Adquirió una mansión en Merton, a las afueras de Londres, donde acogió a los Hamilton como sus huéspedes permanentes. A principios de 1800, Emma tuvo una hija a la que reconoció como legítima. El anciano sir William falleció en 1803, dejando a Nelson formando una familia poco convencional.

Los comentarios sobre esta relación era el tema preferido en los salones de la alta sociedad británica. El rey Jorge III, estaba completamente indignado y trataba con desprecio a Nelson. En 1805 partió para su última batalla, la multitud lo despidió en Portsmouth cuando zarpaba en el "Victory" su buque insignia. Como cuenta la historia venció en la batalla pero perdió la vida, en su lecho de muerte se dirigió al capitán Hardy"Recordad que dejo a la señora Hamilton y a mi hija Horatia como un legado a mi país. Nunca olvidéis a Horatia. Doy gracias a Dios por permitirme acabar mi vida cumpliendo con mi deber" El capitán Hardy anotó este mensaje en el cuaderno de bitácoras del buque.


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Herida de muerte de Nelson en Trafalgar




Los restos de Nelson fueron enviados a Inglaterra con un recibimiento apoteósico, mientras Inglaterra adoraba la memoria de su héroe, no se supo respetar su última voluntad. Nelson había dejado escrito en su testamento que la mitad de su dinero estaba destinado a lady Hamilton y la otra mitad a lady Nelson. Sin embargo el primer ministro británico no permitió que la mitad del dinero del héroe fuese para una "furcia" llamada Hamilton. Por el contrario Fanny y las hermanas de Nelson con las que no tenía relación, fueron beneficiadas con elevadas pensiones a cargo del Estado.

A Emma Hamilton ni siquiera se le permitió asistir al funeral de su amado. Todas las amistades del almirante fueron abandonándola. Acumulo numerosas deudas y los acreedores se apoderaron de la mansión de Merton y de todo lo que contenía, desde el sable de honor de Nelson, hasta un tamborcillo que había regalado a su hija Horatia. Emma fue encarcelada entre 1813 y 1814 por las deudas y murió arruinada en el exilio, en Calais al año siguiente.

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Trafalgar Square. Estatua a Nelson.




En el parque Richelieu, próximo a donde estuvo su tumba en Calais, se levanta el único monumento en su memoria: un obelisco erigido a iniciativa de la Nelson Society. Mientras su amado desde 1844 tiene una estatua presidiendo la plaza de Trafalgar nombrada así en su recuerdo.






                                     SWEENEY TOOD
                 EL BARBERO DE LA CALLE FLEET





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Un asesiono en serie responsable de 160 crímenes, convirtiéndose en una leyenda en Inglaterra. La existencia de Sweeney Todd no ha sido aún comprobada, no obstante, se han publicado algunos artículos y libros referentes a la veracidad de la historia. Entre los más verídicos está el libro del experto en criminalística Peter Haining, quien publicó el libro “Sweeney Todd: The Real Story of The Demon Barber of Fleet Street” (Sweeney Todd: La verdadera historia del barbero diabólico de la calle Fleet), donde habla de pruebas encontradas que corroboran la existencia de Todd. 

Según el reportaje del periodista Oliver Duff del diario británico The Independent, Haining está completamente convencido de la existencia de Todd. Afirma que existen reportes en The Newgate Calendar, un boletín mensual de los siglos XVIII y XIX sobre ejecuciones, producidos por el guardián de la prisión Newgate en Londres.
Sweeney tuvo una niñez bastante dura. Nació el 26 de octubre de 1756 y desde entonces tuvo una fascinación extraña por los instrumentos de tortura que utilizaban en la torre de Londres en esa época. Durante su adolescencia se convirtió en aprendiz de un conocido especialista en máquinas de afeitar. Años más tarde fue condenado a cinco años de prisión por robo y fue ahí donde aprendió el oficio que lo haría conocido.
En 1775 sale de prisión, según Haining, como un “amargo, cruel y sombrío hombre de 19 años”. Luego, encontró trabajo como “barbero al paso”, sin tener un domicilio fijo, hasta que se instaló en un local cerca de la iglesia de San Dunstan, en la calle Fleet, una zona que servía de refugio para alcohólicos y ladrones. El cartel que mostraba a la entrada de su barbería decía: “Fácil de afeitar con un centavo, no encontrará uno tan bueno como éste”.
Según el relato de Haining, la primera víctima fue “un joven caballero de la ciudad”, con el cual tuvo una conversación con el barbero en una esquina de una calle. De pronto, la conversación se convirtió en una discusión, el barbero sacó de su ropa una navaja y le cortó el cuello. Inmediatamente después desapareció entre los callejones de Hen y Chiken Court. Como evidencia, Haining cita el Daily Courant del 14 de abril de 1785, que reportó el asesinato con horror y fascinación.
Poco después, el barbero ingenió una silla de barbero que contenía un mecanismo con el cual descendía bajo el nivel del piso y exponía el cuello del cliente para luego degollarlos.
Se dice que al principio Todd dejó los cuerpos en el sótano, pero al ver que cada vez la pila de cuerpos crecía, contrató a Margery Lovett para que utilizara la carne humana para hornear las tortas de carne.
Era el mismo Sweeney quien se encargaba de desmembrar los cuerpos, y separaba la carne, el corazón, el hígado y riñones para llevárselos a la panadería de la señorita Lovett. Los huesos y las cabezas las dejaba en el panteón de la familia Weston, debajo de la iglesia. Se supo que detectives encontraron los restos debido a que los feligreses se quejaron del olor nauseabundo que emanaban de los sótanos de la iglesia. 
Durante muchos años, Todd realizó estos tipos de asesinatos. Sin embargo, se corrió la voz que marineros desaparecían cuando llegaban a la ciudad, y fueron esos indicios los que propiciaron la detención y arresto de la pareja. La señorita Lovett terminó por confesar todos los asesinatos cometidos por Todd y suicidarse en prisión.


                                                                    
Finalmente, Todd fue acusado por sólo un asesinato, suficiente como para colgarlo y  declararlo culpable. Acusado de matar al marinero Francis Thornhill, quien estaba de paso por la ciudad y decidió darse una afeitada antes de entregar 16 mil perlas. Estas perlas fueron empeñadas por Todd sistemáticamente, hasta que las autoridades se dieron cuenta que eran perlas robadas. Al apresar al barbero e ingresar a su casa, los detectives encontraron suficiente ropa como para vestir a 160 personas.
Heining precisó que el barbero diabólico le echaba la culpa a su madre por haberlo traído a este mundo sin el suficiente dinero para darle a él, para que pudiera vivir bien.
El jurado tardó sólo 10 minutos en encontrarlo culpable y fue sentenciado a la horca a los 45 años, el 25 de enero de 1802, en la prisión de Newgate, frente a una multitud de gente.






                                                                     REINA VICTORIA




Queen Victoria by Bassano.jpg

                                              (Londres, Reino Unido, 24 de mayo de 1819 -                                           Isla de Wight, Reino Unido, 22 de enero de 1901).


Fue reina del Reino Unido desde la muerte de su tío paterno, Guillermo IV del Reino Unido, el 20 de junio de 1837, hasta su fallecimiento el 22 de enero de 1901, mientras que como emperatriz de la India fue la primera en ostentar el título desde el 1 de enero de 1877 hasta su deceso.

Victoria era hija del príncipe Eduardo, duque de Kent y Strathearn, cuarto hijo del rey Jorge III. Tanto el duque como el rey murieron en 1820, lo que provocó que Victoria fuera criada bajo la supervisión de su madre, la princesa alemana Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld.




Pintura de la princesa Victoria a la edad de cuatro años
 por Stephen Poyntz Denning.



Heredó el trono a los dieciocho años, tras la muerte sin descendencia legítima de tres tíos paternos. El Reino Unido era ya en aquella época una monarquía constitucional establecida, en la que el soberano tenía relativamente pocos poderes políticos directos. En privado, Victoria intentó influir en el gobierno y en el nombramiento de ministros. En público, se convirtió en un icono nacional y en la figura que encarnaba el modelo de valores férreos y de moral personal típico de la época.

Se casó con su primo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1840. Sus nueve hijos y veintiséis de sus cuarenta y dos nietos se casaron con otros miembros de la realeza o de la nobleza de Europa, uniendo a estas entre sí. Esto le valió el apodo de «abuela de Europa». Tras la muerte de Alberto en 1861, Victoria comenzó un luto riguroso durante el cual evitó aparecer en público. Como resultado de su aislamiento, el republicanismo ganó fuerza durante algún tiempo, pero en la segunda mitad de su reinado, su popularidad volvió a aumentar. Sus jubileos de oro y de diamante fueron muy celebrados.


Su reinado de 63 años y 7 meses ha sido el más largo en la historia del Reino Unido y se le conoció como época victoriana. Fue un periodo de cambio industrial, cultural, político, científico y militar en el Reino Unido y estuvo marcado por la expansión del Imperio británico. Victoria fue la última monarca de la casa de Hannover. Su hijo y sucesor, Eduardo VII, pertenecía a la nueva casa de Sajonia-Coburgo-Gotha.



Según uno de sus biógrafos, Giles St. Aubyn, Victoria escribió una media de 2500 palabras al día durante su vida adulta. Desde julio de 1832 hasta poco antes de su muerte escribió diarios con frecuencia y llegó a tener 122 volúmenes. Tras la muerte de Victoria, su hija Beatriz fue nombrada su ejecutora literaria. La hija pequeña de la reina transcribió y editó los diarios a partir de su llegada al trono y quemó los originales.

 A pesar de esta destrucción, muchos de los diarios aún existen. Además de la copia editada de Beatriz, lord Esher transcribió dos volúmenes de 1832 a 1861 antes de que Beatriz los destruyera. Parte de la extensa correspondencia de Victoria fue publicada en varios volúmenes de diferentes autores.

Victoria estaba desproporcionada físicamente: era corpulenta, poco elegante y no medía más de un metro y medio. A pesar de estos defectos, proyectó una imagen de grandeza. Fue poco popular durante los primeros años de viudedad, pero fue muy querida las décadas de 1880 y 1890, cuando encarnó la figura del imperio, una figura matriarcal benevolente.

Solo se conoció su verdadera influencia política después de que se revelaran al público los diarios y cartas. Muchas biografías publicadas hasta hoy concluyen que Victoria era emocional, obstinada, honesta y sincera.

A lo largo del reinado de Victoria continuó el establecimiento gradual de una monarquía constitucional moderna en Gran Bretaña. Las reformas en el sistema electoral aumentaron el poder del parlamento perjudicando a los nobles y a la monarquía.

 En 1867 Walter Bagehot escribió que el monarca solo tenía «el derecho a ser consultado, el derecho de animar y el derecho de avisar». A medida que la monarquía de Victoria se volvía más simbólica que política, empezó a dar más importancia a la moralidad y a los valores familiares. Esto se contrapone a los escándalos financieros, sexuales y personales que se asociaban a los miembros anteriores de la casa de Hanóver, que habían desacreditado a la monarquía. El concepto de «monarquía familia», con el cual las clases medias se podían identificar, se fortaleció.

Los lazos que Victoria tenía con las familias reales europeas le valieron el apodo de «la abuela de Europa». Victoria y Alberto tuvieron 42 nietos.

Entre sus descendientes se incluyen la reina Isabel II del Reino Unido; su marido, el príncipe Felipe; el rey Harald V de Noruega; el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, la reina Margarita II de Dinamarca; el rey Juan Carlos I de España y su esposa Sofía de Grecia, etc.







                                                    CHARLES DICKENS



(Portsmouth, Reino Unido, 1812-Gad's Hill, id., 1870) Escritor británico. En 1822, su familia se trasladó de Kent a Londres, y dos años más tarde su padre fue encarcelado por deudas. El futuro escritor entró a trabajar entonces en una fábrica de calzados, donde conoció las duras condiciones de vida de las clases más humildes, a cuya denuncia dedicó gran parte de su obra.

Charles Dickens


Autodidacta (aprendió solo) si se excluyen los dos años y medio que pasó en una escuela privada, consiguió empleo como pasante de abogado en 1827, pero aspiraba ya a ser dramaturgo y periodista. Aprendió taquigrafía y, poco a poco, consiguió ganarse la vida con lo que escribía; empezó redactando crónicas de tribunales para acceder, más tarde, a un puesto de periodista parlamentario y, finalmente, bajo el seudónimo de Boz, publicó una serie de artículos inspirados en la vida cotidiana de Londres (Esbozos por Boz). 

El mismo año, casó con Catherine Hogarth, hija del director del Morning Chronicle, el periódico que difundió, entre 1836 y 1837, el folletín de Los papeles póstumos del Club Pickwick, y los posteriores Oliver Twist y Nicholas Nickleby. La publicación por entregas de prácticamente todas sus novelas creó una relación especial con su público, sobre el cual llegó a ejercer una importante influencia, y en sus novelas se pronunció de manera más o menos directa sobre los asuntos de su tiempo. 

En estos años, evolucionó desde un estilo ligero a la actitud socialmente comprometida de Oliver Twist. Estas primeras novelas le proporcionaron un enorme éxito popular y le dieron cierto renombre entre las clases altas y cultas, por lo que fue recibido con grandes honores en Estados Unidos, en 1842; sin embargo, pronto se desengañó de la sociedad estadounidense, al percibir en ella todos los vicios del Viejo Mundo. Sus críticas, reflejadas en una serie de artículos y en la novela Martin Chuzzlewit, indignaron en Estados Unidos, y la novela supuso el fracaso más sonado de su carrera en el Reino Unido. Sin embargo, recuperó el favor de su público en 1843, con la publicación de Canción de Navidad

Después de unos viajes a Italia, Suiza y Francia, realizó algunas incursiones en el campo teatral y fundó el Daily News, periódico que tendría una corta existencia. Su etapa de madurez se inauguró con Dombey e hijo (1848), novela en la que alcanzó un control casi perfecto de los recursos novelísticos y cuyo argumento planificó hasta el último detalle, con lo que superó la tendencia a la improvisación de sus primeros títulos, en que daba rienda suelta a su proverbial inventiva a la hora de crear situaciones y personajes, responsable en ocasiones de la falta de unidad de la obra.

En 1849 fundó el Houseold Words, semanario en el que, además de difundir textos de autores poco conocidos, como su amigo Wilkie Collins, publicó La casa desierta y Tiempos difíciles, dos de las obras más logradas de toda su producción. En las páginas del Houseold Words aparecieron también diversos ensayos, casi siempre orientados hacia una reforma social. 





A pesar de los diez hijos que tuvo en su matrimonio, las crecientes dificultades provocadas por las relaciones extramatrimoniales de Dickens condujeron finalmente al divorcio en 1858, al parecer a causa de su pasión por una joven actriz, Ellen Teman, que debió de ser su amante. Dickens hubo de defenderse del escándalo social realizando una declaración pública en el mismo periódico. En 1858 emprendió un viaje por el Reino Unido e Irlanda, donde leyó públicamente fragmentos de su obra. Tras adquirir la casa donde había transcurrido su infancia, Gad's Hill Place, en 1856, pronto la convirtió en su residencia permanente.
La gira que inició en 1867 por Estados Unidos confirmó su notoriedad mundial, y así, fue aplaudido en largas y agotadoras conferencias, entusiasmó al público con las lecturas de su obra e incluso llegó a ser recibido por la reina Victoria poco antes de su muerte, acelerada por las secuelas que un accidente de ferrocarril dejó en su ya quebrantada salud.



¿Quién era Oliver Twist?




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Oliver Twist corriendo por las calles de Londres


Oliver es una gran persona que yo conoci, un niño huérfano que ha perdido a ambos padres. Pasa sus primeros años en el asilo de la señora Mann. Al igual que el resto de niños en el orfanato , Oliver sufre continuamente de hambre . Los niños deciden entonces jugar a quién de ellos pedirá más comida y Oliver resulta ser el elegido. En la cena de esa noche, después de su ración normal, se dirige al director del orfanato y le pide más comida. Debido a este episodio es tachado de problemático por el Sr. Bumble, el bedel y el director, quien lo ofrece como aprendiz a cualquiera que lo quiera contratar. Así, Oliver se convierte en aprendiz del enterrador Sowerberry; sin embargo, se pelea con un empleado del enterrador y decide escapar a Londres .
En las afueras de la ciudad, cansado y hambriento, conoce a Jack Dawkins, quien le ofrece un lugar donde hospedarse en Londres. Lleno de inocencia, Oliver se ve inmerso en el mundo del hampa londinense y se encuentra en medio de una banda de chicos carteristas, dirigida por el malvado Fagin .




Londres es descrito como una sucesión de laberínticas calles y callejones, patios por los que Oliver es arrastrado, y en los que percibe la pobreza, la suciedad o la delincuencia. En esa ciudad, conoce a una mujer llamada Nancy, quien se gana la vida en la calle.





                           
                                            WILLIAM SHAKESPEARE



(Stratford on Avon, Reino Unido, 1564 - id., 1616)


Dramaturgo y poeta inglés. Solamente con sus versos hubiera ya pasado a la historia de la literatura; por su genio teatral, y especialmente por el impresionante retrato de la condición humana en sus grandes tragedias, Shakespeare es considerado el mejor dramaturgo (poeta) de todos los tiempos. 


William Shakespeare


Tercero de los ocho hijos de John Shakespeare, un acaudalado comerciante y político local, y Mary Arden, cuya familia había sufrido persecuciones religiosas derivadas de su confesión católica, poco o nada se sabe de la niñez y adolescencia de William Shakespeare. Parece probable que estudiara en la Grammar School de su localidad natal, si bien se desconoce cuántos años y en qué circunstancias. Según un coetáneo suyo, William Shakespeare aprendió «poco latín y menos griego», y en todo caso parece también probable que abandonara la escuela a temprana edad debido a las dificultades por las que atravesaba su padre, ya fueran éstas económicas o derivadas de su carrera política.

Sea como fuere, siempre se ha considerado a Shakespeare como una persona culta, pero no en exceso, y ello ha posibilitado el nacimiento de teorías según las cuales habría sido tan sólo el hombre de paja de alguien deseoso de permanecer en el anonimato literario. A ello ha contribuido también el hecho de que no se disponga en absoluto de escritos o cartas personales del autor, quien parece que sólo escribió, aparte de su producción poética, obras para la escena. 

La andadura de Shakespeare como dramaturgo empezó tras su traslado a Londres, donde rápidamente adquirió fama y popularidad en su trabajo para la compañía Chaberlain's Men, más tarde conocida como King's Men, propietaria de dos teatros, The Globe (el cual visitaremos) y Blackfriars.

También representó, con éxito, en la corte. Sus inicios fueron, sin embargo, humildes, y según las fuentes trabajó en los más variados oficios, si bien parece razonable suponer que estuvo desde el principio relacionado con el teatro, puesto que antes de consagrarse como autor se le conocía ya como actor.

Su estancia en la capital británica se fecha, aproximadamente, entre 1590 y 1613, año este último en que dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar. 

La obra de Shakespeare
La publicación, en 1593, de su poema Venus y Adonis, muy bien acogido en los ambientes literarios londinenses, fue uno de sus primeros éxitos. De su producción poética posterior cabe destacar La violación de Lucrecia (1594) y los Sonetos (1609), de temática amorosa y que por sí solos lo situarían entre los grandes de la poesía anglosajona.


Con todo, fue su actividad como dramaturgo lo que dio fama a Shakespeare en la época. Su obra, en total catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos, es un exquisito compendio de los sentimientos, el dolor y las ambiciones del alma humana. 

Tras unas primeras tentativas, en las que se transparenta la influencia de Marlowe, antes de 1600 aparecieron la mayoría de sus «comedias alegres» y algunos de sus dramas basados en la historia de Inglaterra.

 Destaca sobre todo la fantasía y el sentido poético de las comedias de este período, como en Sueño de una noche de verano; el prodigioso dominio del autor en la versificación le permitía distinguir a los personajes por el modo de hablar, amén de dotar a su lenguaje de una naturalidad casi coloquial.
A partir de 1600, Shakespeare publica las grandes tragedias y las llamadas «comedias oscuras».

 Los grandes temas son tratados en las obras de este período con los acentos más ambiciosos, y sin embargo lo trágico surge siempre del detalle realista o del penetrante tratamiento psicológico del personaje, que induce al espectador a identificarse con él: así, Hamlet refleja la incapacidad de actuar ante el dilema moral entre venganza y perdón; Otelo, la crueldad gratuita de los celos; y Macbeth, la cruel tentación del poder.
En sus últimas obras, a partir de 1608, cambia de registro y entra en el género de la tragicomedia, a menudo con un final feliz en el que se entrevé la posibilidad de la reconciliación, como sucede en Pericles

Shakespeare publicó en vida tan sólo dieciséis de las obras que se le atribuyen; por ello, algunas de ellas posiblemente se hubieran perdido de no publicarse (pocos años después de la muerte del poeta) el Folio, volumen recopilatorio que serviría de base para todas las ediciones posteriores.


                                          Hamlet.

Pero su obra más conocida es Romeo y Julieta:


(Romeo and Juliet o The Most Excellent and Lamentable Tragedie of Romeo and Juliet, 1597) es una tragedia de William Shakespeare. Cuenta la historia de dos jóvenes enamorados que, a pesar de la oposición de sus familias, rivales entre sí, deciden casarse de forma clandestina y vivir juntos; sin embargo, la presión de esa rivalidad y una serie de fatalidades conducen al suicidio de los dos amantes.



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Pintura de 1884 de Frank Dicksee (1853 - 1928):
la escena del balcón de Romeo y Julieta.



                                          
 

                                    Isabel II 


(Londres, 1926).

 Es la actual Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (1953). 

 Lleva 63 años reinando!!


 Primogénita de los duques de York y tercera nieta del rey Jorge V de Inglaterra, se convirtió en la heredera del trono cuando su padre fue coronado en 1936 con el nombre de Jorge VI, tras la abdicación del hermano de éste, Eduardo VIII. En marzo de 1945, poco antes de que concluyera la Segunda Guerra Mundial, ingresó en el Servicio Auxiliar de Transporte. 

Dos años más tarde contrajo matrimonio con el teniente Felipe de Mountbatten, príncipe de Grecia y Dinamarca y duque de Edimburgo. Fruto de esta unión nacieron Carlos, príncipe de Gales, en 1948, Ana, en 1950, Andrés, en 1960, y Eduardo, en 1964. Isabel fue consciente de su papel desde muy joven, y asumió con responsabilidad sus obligaciones de princesa heredera.


Isabel II de Inglaterra


En 1952 se hallaba en Kenia, entonces colonia británica convulsionada por las acciones terroristas de los mau mau, cuando recibió la noticia del óbito (muerte) de su padre. El 2 de junio del año siguiente fue coronada en la antigua abadía de Westminster, en una fastuosa ceremonia a la que asistieron jefes de Estado y representantes de las casas reales europeas y que miles de personas pudieron seguir por primera vez a través de la televisión. 

A pesar del reducido papel político al que se vio reducida la monarquía británica tras la Segunda Guerra Mundial, esencialmente simbólico, y los cambios que se produjeron en la relación con las antiguas colonias, la reina procuró preservar el carácter unificador de la Corona en el espacio político del antiguo imperio, convertido tras la descolonización en la Commonwealth. En este sentido, viajó por todo el mundo como no lo había hecho ningún otro monarca británico, para estrechar vínculos con súbditos de las más diversas razas, creencias y culturas. Incluso en Australia instauró la costumbre de los paseos más o menos espontáneos, para mezclarse y saludar sin protocolo a la gente de la calle. 

En otro orden de cosas, en 1960 dispuso que los miembros de la familia real que no fuesen príncipes o altezas reales llevasen el apellido Mountbatten-Windsor. No obstante la popularidad y el respeto que le dispensan sus súbditos, Isabel II no ha podido evitar que los escándalos familiares denoten la existencia de cierto anquilosamiento en las estructuras de la monarquía. Los frustrados matrimonios de sus hijos Andrés con Sarah Ferguson, y Carlos, el heredero de la corona, con Diana Spencer, y las repercusiones que las desavenencias conyugales de sus hijos tuvieron en la opinión pública la han inducido a buscar nuevos caminos de acercamiento al pueblo. 


En este sentido cabe interpretar decisiones tan dispares como la de pagar impuestos sobre sus bienes e ingresos, dar un tono popular y familiar a la celebración de sus bodas de oro matrimoniales o visitar a las víctimas de actos terroristas.
Sobre todo a raíz de la muerte en accidente automovilístico (agosto de 1997) de la ex esposa de su primogénito, la princesa Diana de Gales, en quien el pueblo veía una víctima tanto del comportamiento adúltero del príncipe de Gales como de la insensibilidad de la familia real, 


Isabel II ha debido trabajar con toda intensidad a fin de no perder la identificación con el pueblo.









                                   Winston Churchill

 Oxfordshire, 1874 - Londres, 1965


 Político británico especialmente recordado por su mandato como primer ministro (1940-45) durante la Segunda Guerra Mundial: con su divisa "sangre, sudor y lágrimas", logró elevar la moral de las tropas y de la población civil y sostener la nación hasta la victoria aliada. 

A lo largo de su brillante carrera, Winston Churchill fue sucesivamente el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo. Considerado el último de los grandes estadistas, siempre será recordado por su rara habilidad para predecir los acontecimientos futuros, lo que en ocasiones se convirtió en una pesada carga para sus compatriotas. 


Winston Churchill


Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y bebedor de coñac, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.


Biografía
Nació el 30 de noviembre de 1874 en el palacio de Blenheim, por aquel entonces propiedad de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. Su padre era lord Randolph Churchill y su madre una joven norteamericana de deslumbrante belleza llamada Jennie Jerome. No hay duda de que en sus primeros años conoció la felicidad, pues en su autobiografía evoca con ternura los días pasados bajo la sombra protectora de su madre, que además de hermosa era culta, inteligente y sensible. 

Quizás por ello, al ser internado por su padre en un costoso colegio de Ascot, el niño reaccionó con rebeldía; estar lejos del hogar le resultaba insoportable, y Winston expresó su protesta oponiéndose a todo lo que fuese estudiar. Frecuentemente fue castigado y sus notas se contaron siempre entre las peores. Cuando en 1888 ingresó en la famosa escuela de Harrow, el futuro primer ministro fue incluido en la clase de los alumnos más retrasados. Uno de sus maestros diría de él: "No era un muchacho fácil de manejar. Cierto que su inteligencia era brillante, pero sólo estudiaba cuando quería y con los profesores que merecían su aprobación."

Churchill fracasó dos veces consecutivas en los exámenes de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst. Sin embargo, una vez entró en la institución, se operó en él un cambio radical. Su proverbial testarudez, su resolución y su espíritu indomable no lo abandonaron, pero la costumbre de disentir caprichosamente de todo comenzó a desaparecer. Trabajaba con empeño, era aplicado y serio en las clases y muy pronto se destacó entre los alumnos de su nivel. 

Poco después se incorporó al Cuarto de Húsares, regimiento de caballería reputado como uno de los mejores del ejército. Estuvo, en 1895, en la guerra de Cuba, y combatió en la India (1898) y el Sudán (1899); en los campos de batalla aprendió sobre el arte de la guerra todo cuanto no había encontrado en los libros, especialmente cuestiones prácticas de estrategia que más tarde le servirían para hacer frente a los enemigos de Inglaterra.

Del periodismo a la política
No obstante, la vida militar no tardó en cansarlo. Renunció a ella para dedicarse a la política y se afilió al Partido Conservador en 1898, presentándose a las elecciones un año después. Al no obtener el acta de diputado por escaso margen, Churchill se trasladó a África del Sur como corresponsal del Morning Post en la guerra de los bóers.
Allí fue hecho prisionero y trasladado a Pretoria, pero consiguió escapar y regresó a Londres convertido en un héroe popular: por primera vez, su nombre saltó a las portadas de los periódicos, pues había recorrido en su huida más de cuatrocientos kilómetros, afrontando un sinfín de peligros con extraordinaria sangre fría. No es de extrañar, pues, que consiguiese un escaño como representante conservador de Oldham en la Cámara de los Comunes (1900) y que, recién cumplidos los veintiséis años, pudiese iniciar una fulgurante carrera política.

Winston Churchill a los 26 años


En el Parlamento, sus discursos y su buen humor pronto se hicieron famosos. Pero su espíritu independiente, reacio a someterse a disciplinas partidarias, le granjeó importantes enemigos en la cámara, incluso entre sus propios correligionarios. No es de extrañar que cambiara varias veces de partido y que sus intervenciones, a la vez esperadas y temidas por todos, suscitaran siempre tremendas polémicas.





Churchill en 1919




Entre 1929 y 1939, Winston Churchill se apartó voluntariamente de la política y se dedicó principalmente a escribir y a cultivar su afición por la pintura bajo el seudónimo de Charles Morin. "Si este hombre fuese pintor de oficio -dijo en una ocasión Picasso-, podría ganarse muy bien la vida."
Churchill siguió perteneciendo al Parlamento, pero durante esos años careció prácticamente de influencia. 

Recobró protagonismo cuando, al observar la creciente amenaza que constituía Adolf Hitler, proclamó la necesidad urgente de que Inglaterra se rearmase y emprendió una lucha solitaria contra el fascismo emergente. En reiteradas ocasiones, tanto en la cámara como en sus artículos periodísticos, denunció vigorosamente el peligro nazi ante una nación que, una vez más, parecía aquejada de una ceguera que podía acabar en tragedia. 

Tras la firma en 1938 del Acuerdo de Munich, en el que Gran Bretaña y Francia cedieron ante el poderío alemán, la gente se dio cuenta nuevamente de que Churchill había tenido razón desde el principio. Hubo una docena de ocasiones en las que hubiera sido posible detener a Hitler sin derramamiento de sangre, según afirmarían después los expertos. En cada una de ellas, Churchill abogó ardorosamente por la acción. Pero a pesar de la energía desplegada, sus avisos habían sido ignorados por el gobierno.




El primer ministro de la Segunda Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939, el ejército nazi entró con centelleante precisión en Polonia; dos días después, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania y, por la noche, Churchill fue llamado a desempeñar su antiguo cargo en el Almirantazgo por el primer ministro Neville Chamberlain, que hasta entonces había intentado una inútil política de apaciguamiento frente a Alemania. Todas las unidades de la flota recibieron por radio el mismo mensaje: "Winston ha vuelto con nosotros."

Los mismos diputados que una semana antes lo combatían con saña, lo aclamaron puestos en pie cuando hizo su entrada en el Parlamento. Pero aquella era una hora amarga para la historia del Reino. La nación estaba mal preparada para la guerra, tanto material como psicológicamente. Por eso, cuando fue nombrado primer ministro el 10 de mayo de 1940, Churchill pronunció una conmovedora arenga en la que afirmó no poder ofrecer más que "sangre, sudor y lágrimas" a sus conciudadanos.

Churchill en la radio


El pueblo británico aceptó el reto y convirtió tan terrible frase en un verdadero lema popular durante cinco años; su contribución a la victoria iba a ser decisiva. Churchill consiguió mantener la moral en el interior y en el exterior mediante sus discursos, ejerciendo una influencia casi hipnótica en todos los británicos. Formó un gobierno de concentración nacional, que le aseguró la colaboración de sus adversarios políticos, y creó el ministerio de Defensa para una mejor dirección del esfuerzo bélico. Cuando la Unión Soviética firmó un pacto de no agresión con Alemania, y mientras los Estados Unidos seguían proclamando su inamovible neutralidad, Churchill convocó una reunión de su gabinete y con excelente humor dijo: "Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante."


Por supuesto, Churchill hizo todo lo posible para que ambas potencias entrasen en la guerra, lo que consiguió en breve tiempo. Mantuvo estrecho contacto con el entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt; en 1941, después del ataque japonés a Pearl Harbour, los norteamericanos declararon la guerra al Japón e incorporaron su valiosísimo potencial militar al bando aliado. También en 1941, el año decisivo de la contienda, Hitler emprendió la invasión de Rusia, poniendo fin a la neutralidad soviética y empujando a Stalin a una frágil alianza con Inglaterra, que Churchill supo conservar, relegando a un segundo plano su visceral anticomunismo y demostrando su pragmatismo. 


Como primer ministro, le correspondió participar en las cruciales conferencias de Casablanca (1943), El Cairo (1943), Teherán (1943), Yalta (1945) y Potsdam (1945), en las que se diseñó la estrategia de la guerra y, una vez acabado el conflicto, el mapa político mundial que se mantendría vigente hasta 1989. Durante interminables jornadas dirigió las operaciones militares y diplomáticas trabajando entre dieciséis y dieciocho horas diarias, transmitiendo a todos su vigor y contagiándoles su energía y optimismo. 


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Por fin, el día de la victoria aliada, se dirigió de nuevo al Parlamento y al entrar fue objeto de la más tumultuosa ovación que registra la historia de la asamblea. Los diputados olvidaron todas las formalidades rituales y se subieron a los escaños, gritando y sacudiendo periódicos. Churchill permaneció en pie a la cabecera del banco ministerial, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y sus manos se aferraban temblorosas a su sombrero. 

Los últimos años
A pesar de la enorme popularidad alcanzada durante la guerra, dos meses después el voto de los ingleses lo depuso de su cargo. Churchill continuó en el Parlamento y se erigió en jefe de la oposición. En un discurso pronunciado en marzo de 1946 popularizó el término "telón de acero", y algunos meses después hizo un llamamiento para impulsar la creación de los Estados Unidos de Europa. 

Tras el triunfo de los conservadores en 1951 volvió a ser primer ministro, y dos años después fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por sus Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Alegando razones de edad, presentó la dimisión en abril de 1955, después de ser nombrado Caballero de la Jarretera por la reina Isabel II y de rechazar un título nobiliario a fin de permanecer como diputado en la Cámara de los Comunes. 

Reelegido en 1959, ya no se presentó a las elecciones de 1964. No obstante, su figura siguió pesando sobre la vida política y sus consejos continuaron orientando a quienes rigieron después de él los destinos del Reino Unido. El pueblo había visto en Churchill la personificación de lo más noble de su historia y de las más hermosas cualidades de su raza; por eso no cesó de aclamarlo como su héroe hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1965.






                                   Jack "El Destripador"




Jack the Ripper: Jack el Destripador
Ha pasado más de un siglo y todavía perdura el misterio. Cinco crímenes perpetuados en Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, en su momento revolucionaron Londres y el mundo entero.
Durante cien años, investigadores, detectives, policías y muchos aficionados han tratado de establecer un perfil psicológico que ayudase a determinar la personalidad o el nombre del asesino, pero hasta ahora solo se han podido identificar los nombres de unos posibles sospechosos. Tal vez por ese motivo Jack el Destripador se ha convertido en el asesino en serie más conocido de la historia. Su nombre nos evoca una silueta entre la niebla del Londres Victoriano, una sombra con capa y sombrero negros que ataca a sus víctimas y desaparece para siempre de la escena del crimen... no en vano se han escrito sobre él cientos de libros, canciones, óperas y películas. Es la perfecta historia de suspense, el gran misterio sin resolver.
LAS VÍCTIMAS
En el año 1888, Whitechapel era uno de los peores distritos de todo Londres. En las calles, hombres, mujeres y niños arrastraban una vida de pobreza y delincuencia en la que muchas veces el único alivio era el que podía ofrecerles una botella de alcohol barato. Los callejones oscuros desembocaban en bares mugrientos y burdeles miserables en los que algunas mujeres se ganaban la vida prostituyendo sus cuerpos por unos pocos peniques. Fue precisamente aquí, en el East End londinense, donde tuvo lugar el breve reinado de terror del temido descuartizador que firmaba sus crímenes como "Jack el Destripador".
Su primer crimen oficial, por así decirlo, el que reconocen todas las crónicas, tuvo lugar el 31 de agosto, aunque en su día se sospechó que por lo menos dos asesinatos anteriores menos publicitados habrían sido también obra suya.

Ese día estaba amaneciendo muy lentamente. Las calles todavía estaban oscuras, y a pesar del frío algún que otro paseante comenzaba a circular por el barrio. Uno de ellos distingue a lo lejos el cuerpo de una mujer tendido en el suelo que a primera vista parecía desmayada, pero cuando se acerca para tratar de ayudarla, ve que unas terribles heridas la habían casi decapitado. Horrorizado, no deja pasar un minuto y avisa al primer policía que hacía su ronda por el barrio, quién acompañado de un médico distingue bajo la luz de una linterna que la muerte le había sido provocada por dos golpes con arma blanca que le habían seccionado la tráquea y el esófago. El cuerpo, todavía caliente en partes, indicaba que el momento del crimen no debía de haber sido de más de media hora antes de haber encontrado el cuerpo. Tras un examen más detallado en la sala de autopsias, descubren además que había sido brutalmente golpeada en la mandíbula inferior izquierda (posiblemente por una persona zurda), y que su abdomen había sido mutilado.
Por lo demás, el asesino no había dejado otras pistas tras de sí, ni testigos, ni el arma homicida. Ninguno de los vecinos oyó nada.
La identificación de la víctima no fue tarea fácil, aunque unos días después su padre y su ex marido identifican el cuerpo de una mujer de 42 años, prostituta, llamada Anne Mare Nichols y conocida como Polly.
Polly había estado casada y tenía cinco niños, pero su adicción al alcohol había hecho que su matrimonio se rompiera. Desde entonces, sola, había vivido de sus pobres ingresos de prostituta.

El lunes 6 de agosto, varias semanas antes del primer crimen oficial del Destripador, Marta Tabram, una prostituta de 39 años, había sido hallada muerta con 39 puñaladas; y algunos meses antes, Emma Smith, una prostituta 45 años, había sido agredida salvajemente en la cabeza y le habían introducido un objeto en la vagina. Seguramente estos dos crímenes no tenían nada que ver con nuestro asesino, más que nada porque la firma del Destripador era más ritualista que los simples golpes y puñaladas, pero aún así, el terror ya se había apoderado de las almas de los habitantes del distrito londinense.

Annie Chapman era una mujer sin hogar propio que vivía en pensiones comunes cuando disponía de dinero para el alojamiento de una noche, y cuando no era así, se dedicaba a vagar por las calles en busca de clientes que le proporcionasen alguna moneda para bebida, refugio y alimento. No siempre había sido así, unos años antes estaba casada y con tres niños, pero todos murieron, unos por enfermedad y otros por accidente. Fue un golpe muy duro, nunca se repuso. Así, en estado de depresión permanente comenzó a beber para sobrellevar su soledad.
Su cuerpo fue hallado mutilado en la calle del Mercado de Spitalfields a las 6 de la mañana, y nadie había ido testigo de los hechos. Su intestino estaba en el suelo entre un gran charco de sangre y una profunda incisión cruzaba su cuello de lado a lado.





Todo parecía indicar que había sido asesinada en ese mismo sitio. No había señales de defensa por parte de la víctima, y lo curioso es que cerca de su cadáver se encontraron un pequeño pañuelo, un peine y un cepillo de dientes, que parecían haber sido colocados en un orden concreto por el asesino.
Según el médico forense que vio el cadáver, el asesino había agarrado a Annie por la barbilla y la había degollado por la espalda de izquierda a derecha, y por la fuerza empleada, posiblemente con la tentativa de decapitarla. Eso le había causado la muerte. Las otras heridas infligidas y las mutilaciones abdominales habían sido realizadas post mortem: el abdomen había sido abierto para extraer la vagina, el útero y la vejiga, que no fueron hallados. Las incisiones eran limpias, como si se tratase del trabajo de un experto en anatomía, o por lo menos el de alguien con los conocimientos anatómicos y la habilidad suficiente para poder abrir el cuerpo y extraer los órganos con mucho cuidado de no dañar otras partes internas. El instrumento utilizado parecía ser un cuchillo estrecho con lámina fina y muy afilada, la clase de cuchillo que utilizaban los cirujanos y los carniceros.

Una señora de nombre Elizabeth Long que se dirigía al mercado esa mañana, pudo aportar un testimonio valioso: a las cinco y media de la madrugada había visto a un hombre conversando con una prostituta que identificó como Annie Chapman. Lamentablemente el hombre estaba de espaldas y no pudo ver su rostro, pero sí distinguió la silueta de un hombre de unos 40 años, elegante, que portaba un sombrero y un abrigo oscuros. La hora de la muerte se estimó entonces entre las cinco y media y las seis de la mañana, hora en la que fue descubierto el cadáver, lo que significaba que el asesino actuaba rápidamente y con gran precisión.

La falta de indicios hacía que la investigación avanzase lentamente. Todo el mundo había relacionado las muertes entre ellas, y a pesar de que la policía se mantenía en el más absoluto de los silencios, los periódicos no dejaban de alimentar cada rumor escuchado, lo que servía para aumentar la cólera y el miedo de los vecinos. Desde Scotland Yard se llegó a ofrecer una gratificación para quien aportase algún dato válido sobre la identidad del asesino, pero lo único que consiguieron fue que los vecinos aprovechasen sus diferencias y se denunciasen entre ellos, deteniendo simplemente a algunos falsos culpables, excéntricos o alcohólicos que aseguraba ser el descuartizador de prostitutas, aunque tras numerosas investigaciones y por el hecho de que todos carecían de habilidades médicas o que tenían coartadas, no tardaban en recuperar la libertad.




El 25 de septiembre, la Agencia Estatal de Noticias recibió una nota en tinta roja firmada por el propio Jack el Destripador cuyo contenido era:

"Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha cogido, pero en realidad todavía no me han pescado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a chillar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito..."
Firmado: Jack el Destripador, desde el Infierno.

A partir de entonces seguiría escribiendo cartas y poemas destinados al jefe de la policía londinense jactándose de su habilidad para escabullirse en la oscuridad de las calles y evitar ser atrapado por la multitud que le perseguía, o haciendo alarde de la perfección de sus crímenes y anticipando otros nuevos ataques, siempre seguro de sí.

El domingo 30 de septiembre, se descubría otro cadáver en la calle Berner sobre la una de la mañana. Tras pedir ayuda a la policía, vieron que se trataba de una mujer, cuyas faldas habían sido levantadas por encima de sus rodillas. Un forense llegó a la escena del crimen con su ayudante un cuarto de hora más tarde. Entre los dos detallaron sus conclusiones de la exploración:
"La difunta yace sobre su lado izquierdo, su cara mira hacia la pared derecha. Sus piernas han sido separadas, y algunos miembros están todavía calientes. La mano derecha está abierta sobre el pecho y cubierta de sangre, y la izquierda está parcialmente cerrada sobre el suelo. El aspecto de la cara era bastante apacible, la boca ligeramente abierta. En el cuello hay una larga incisión que comienza sobre el lado izquierdo, 2 ½ pulgadas por debajo del ángulo de la mandíbula casi en línea recta, seccionando la tráquea completamente en dos, y terminándose sobre el lado contrario... "
El asesino no se había ensañado tanto esta vez como en las anteriores. Posiblemente había sido interrumpido mientras la degollaba y hubiese huido antes de completar su ritual.
La joven prostituta fue identificada como Elizabeth Stride, de origen sueco, que había venido a Inglaterra para ganarse la vida tras el fallecimiento de su marido y sus dos hijos en un accidente marítimo.

Esta vez, varios testigos declararon haberla visto momentos antes de su muerte acompañada por un hombre de unos treinta años con pelo y bigote negros, vestido con un abrigo negro y un sombrero alto, que portaba un bulto, como un maletín.
Mientras la policía se enfrentaba al hallazgo de este nuevo cadáver, a pocas calles allí un guarda nocturno descubría el cuerpo de otra víctima degollada. Su abdomen había sido abierto y los intestinos se encontraban en el suelo, además tenía varias heridas por todo el cuerpo. Los miembros estaban todavía calientes, la data de la muerte no debía ser de más de media hora desde el descubrimiento del cadáver.
No había otros indicios más que un escrito con tiza blanca sobre una pared que decía: "No hay porque culpar a los judíos", supuestamente obra del asesino. Antes de que la inscripción pudiese ser fotografiada, el Comisario de la Policía londinense Charles Warren ordenó que fuese borrada, según él porque se trataba de una falsa pista del criminal tratando de culpabilizar a la comunidad judía, y si algún londinense lo leía, podía provocar una revuelta contra ellos.
La víctima era Kate Eddowes, quien como las demás, tenía por oficio el de la prostitución y como afición, la bebida. Sus padres habían muerto cuando ella era joven y a los 16 años se fue a vivir con un hombre, con quién tendría tres hijos. Los malos tratos por parte de éste obligaron a que se fuera de casa, y su adicción al alcohol la obligó a alquilar su cuerpo en las calles.
Como en las muertes de Polly Nichols y Annie Chapman, la garganta de Kate había sido degollada de izquierda a derecha, le habían seccionado el vientre y extraído algunos órganos, entre ellos uno de los riñones.

Después de esto, las cosas parecieron volver a la normalidad en Whitechapel. No hubo ningún otro asesinato durante un mes y las prostitutas regresaron a las calles más tranquilas. Desgraciadamente, la paz duró poco, pues el 9 de noviembre, otra mujer apareció salvajemente asesinada.
Se trataba de Mary Kelly, una atractiva joven de 21 años que se dedicaba a la prostitución para poder mantenerse a ella misma y a su pareja, que se encontraba sin trabajo.
Esa mañana, el locatario subió a la habitación de Mary para cobrar el alquiler mensual, pero nadie contestó a su llamada. Decidió abrir la puerta él mismo, horrorizándose por lo que descubrió...
Sin duda era el crimen más violento de Jack el Destripador. El cadáver estaba tumbado sobre la cama con múltiples heridas de arma blanca, completamente mutilado y con la arteria carótida seccionada. La ferocidad de este asesinato asombró a los cirujanos veteranos de policía. El médico forense necesitó varias páginas para redactar el informe de las lesiones y órganos extraídos.

Este asesinato creó el pánico absoluto en el barrio, haciendo estallar episodios esporádicos de violencia en la muchedumbre. La actividad policial era frenética, cada rincón fue registrado, cada sospechoso detenido e interrogado a fondo, pero no por eso la policía dejaba de ser duramente criticada. Nunca más se volvió a saber del asesino. No hubo más cartas ni más crímenes, parecía que Jack el Destripador hubiese abandonado la escena del crimen para siempre, y finalmente el caso fue cerrado en 1892, el mismo año en que el Inspector encargado del caso se retiró.

Lo cierto es que nadie puede saber si ésta es la verdadera historia o si es otro de los relatos que inspira este terrible personaje. Lo único que hoy en día tenemos claro es que no se trataba de un delincuente cualquiera. Sus hechos demuestran que era una persona con gran inteligencia y tal vez una educación superior a la población de Withechapel, incluso puede que fuese alguien de clase alta. Tal vez tuviese un trastorno de la sexualidad o un trastorno mental que le provocase esa compulsividad y obsesión a la hora de cometer los crímenes. Su afán de reconocimiento y el hecho que resaltase con las cartas enviadas a la prensa su inteligencia, demuestra que también era una persona insegura y llena de complejos. Pero mientras Scotland Yard mantenga sus archivos en el más absoluto secreto, otros autores seguirán suscitando sospechosos que mantengan la leyenda de Jack El Destripador viva.










                                               CHRISTOPHER WREN





Sir Christopher Wren  1632- 1723

Fue un científico y arquitecto del siglo XVII, famoso por sus trabajos de reconstrucción de las iglesias de Londres tras el gran incendio de 1666. Fue miembro de la Royal Society.
Wren es conocido por su diseño de la catedral de San Pablo de Londres, una de las pocas catedrales de Inglaterra edificadas después de la época medieval y la única de estilo renacentista de todo el país. Se inspiró en la Basílica de San Pedro de Roma para el diseño.

Nacido en Wiltshire, Wren era el hijo del diácono de Windsor, un cargo real que causó privaciones a la familia durante la época de la Commonwealth (1649-1660). De niño conoció al joven príncipe Carlos que más tarde se convirtió en el rey que empleó a Wren como arquitecto. Estudió en el Westminster School y en el Trinity College de Oxford. En 1657 se convirtió en profesor de astronomía, primero en el Gresham College y más tarde en Oxford, cargo del que dimitió en 1673. Fue reconocido como un científico brillante incluso por Isaac Newton, quien no tenía costumbre de elogiar a los demás. Wren fue también miembro fundador de la Royal Society de la que fue presidente entre 1680 y 1682.
Es recordado también como un precursor de los tratamientos médicos con fluidos intravenosos por sus experimentos con diferentes fluidos como vino, cerveza y otras soluciones preparadas por el mismo, que infundio inicialmente a animales y posteriormente a seres humanos.
Su primer proyecto arquitectónico fue el Teatro Sheldonian, que aún se puede ver en Oxford; también diseñó otros edificios universitarios, tanto en Oxford como en Cambridge, incluyendo las capillas del Pembroke College y del Emmanuel College.

Tras el gran incendio de Londres fue escogido para ser el arquitecto de San Pablo ya que el anterior edificio había quedado destruido. El diseño y la construcción de la nueva catedral empezaron en 1675 y no se terminaron hasta 1710; durante este tiempo, Wren, junto a sus asociados, diseñó numerosos edificios, incluyendo 51 iglesias para sustituir a las 87 destruidas. Además, también colaboró en el diseño del Monumento al Gran Incendio de Londres, el Observatorio de Greenwich, el Hospital de Chelsea, el Hospital de Greenwich, Marlborough House y otros muchos edificios destacados.
Christopher Wren fue nombrado caballero en 1673 y sirvió como miembro del Parlamento en 1685-1688 y 1702-1705. Está enterrado en la catedral de San Pablo.

Christopher Wren fue el último Gran Maestre Masón de la vieja francmasonería operativa de Inglaterra, abandonó su cargo en 1702. Quince años después los pastores protestantes Anderson y Desaguliers fundarían la actual masonería especulativa en la nueva Gran Logia de Inglaterra 1717.

                                    



                                Charles Darwin

Charles Darwin es uno de los científicos que más impacto ha tenido no sólo en las ciencias, sino también en el mundo político y religioso. Sus ideas, expresadas hace 150 años cambiaron de un solo golpe la concepción de cómo la vida apareció y se desarrolló en nuestro planeta.
Charles nació el 12 de febrero de 1809 en la pequeña población de Shrewsbury en Inglaterra. Su padre era médico y su madre se murió cuando Charles tenía sólo 8 años, así que él creció bajo el cuidado de sus hermanos mayores.
Fue un niño curioso a quien le encantaba la naturaleza. Sus primeros años los pasó en el jardín y en los bosques cercanos coleccionando insectos, rocas, huevos y hojas.
A los nueve años, su padre lo envió a un colegio interno, a él nunca le gustó vivir allí y extrañaba terriblemente a su familia. Algunas veces se escapaba para encontrarse con su hermano mayor Erasmus con quien tenía un laboratorio de química en el jardín, le gustaba tanto hacer experimentos que sus amigos le llamaban “gas”.
Cuando Charles tenía 16 años su padre lo envió en compañía de Erasmus a Edimburgo en Escocia para que fueran a la universidad y estudiaran medicina. Charles con sólo ver un par de cirugías decidió que esto no era lo que quería hacer en su vida, aunque por no desilusionar a su padre, estuvo allí por dos años.
Finalmente  habló con su padre quien temiendo que Charles no llegara a hacer nada en su vida, lo envió a la universidad de Cambridge a estudiar para ser ministro de la iglesia. Allí tuvo un maestro de botánica quien finalmente le cambió su vida, fue su profesor y su amigo y cuando terminó sus estudios, recomendó a Charles con un capitán de navío de la armada de Inglaterra quien se disponía a dar una vuelta al mundo
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El capitán FizRoy, del barco “HMS Beagle” debía realizar mapas de las costas de Sur América para el gobierno inglés y quería llevar un botánico para que reseñara los animales y la plantas durante el viaje que debía durar 2 años.
Aunque su padre se opuso en un principio, Charles finalmente obtuvo su permiso y viajó en el Beagle en un viaje que cambió su vida y la historia de las ciencias. En el viaje Charles tuvo tiempo de detenerse por meses en diferentes regiones para examinar y coleccionar plantas y animales.


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El disecó insectos, plantas y fósiles, coleccionó huesos y plumas, tomó notas, observó sus nidos, hábitat, forma de alimentación, etc. Recorrió las costas de Sur América, las islas Galápagos y luego pasó a África para volver finalmente a Inglaterra después de 5 años.
Allí fue muy bien recibido por la comunidad científica donde pudo mostrar sus colecciones y hablar y documentar sus experiencias; pero paralelo a esta actividad, Darwin estaba convencido de que la diversidad que había en la tierra no podía haber sido creada en sólo los 6 días que decía la Biblia.
En Argentina encontró un fósil de un armadillo gigante, ya extinto, en las islas Galápagos había animales únicos en la tierra o similares a los de otras regiones pero que se comportaban de manera diferente, como las iguanas que podían nadar para alimentarse de algas o las tortugas gigantes.




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Durante sus primeros años en Inglaterra se dedicó a investigar, a hablar con personas que conocieran de animales y plantas a leer y a escuchar con atención a otros científicos. En 1858 presentó su teoría sobre la evolución y un año más tarde publicó su libro “Sobre el origen de las especies, por la selección natural”.
Sus ideas siguen siendo hoy tan válidas, novedosas y controvertidas como entonces y las puertas que el abrió con su dedicado y meticuloso trabajo de observación, rompieron una tradición milenaria y arraigada que cubría como una venda los ojos de la comunidad científica.




La expedición del Beagle 

El 27 de diciembre de 1831 el Beagle zarpó de Davenport con Darwin a bordo, dispuesto a comenzar la que él llamó su «segunda vida» tras dos meses de desalentadora espera en Plymouth, mientras la nave era reparada de los desperfectos ocasionados en su viaje anterior, y después de que la galerna frustrara dos intentos de partida. Durante ese tiempo, Darwin experimentó «palpitaciones y dolores en el corazón» de origen más que probablemente nervioso, como quizá también lo habrían de ser más tarde sus frecuentes postraciones. Sin saberlo, Darwin había corrido el riesgo de ser rechazado por Robert Fitzroy, ya que el capitán, convencido seguidor de las teorías fisiognómicas del sacerdote suizo Johann Caspar Lavater, estimó en un principio que la nariz del naturalista no revelaba la energía y determinación suficientes para la empresa.
El objetivo de la expedición dirigida por el capitán Fitzroy era el de completar el estudio topográfico de los territorios de la Patagonia y la Tierra del Fuego, el trazado de las costas de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y la realización de una cadena de medidas cronométricas alrededor del mundo. El periplo, de casi cinco años de duración, llevó a Darwin a lo largo de las costas de América del Sur, para regresar luego durante el último año visitando las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica.



El viaje del Beagle


Durante ese período el talante de Darwin experimentó una profunda transformación. La antigua pasión por la caza sobrevivió los dos primeros años con toda su fuerza, y fue él mismo quien se encargó de disparar sobre los pájaros y animales que pasaron a engrosar sus colecciones; poco a poco, sin embargo, esta tarea fue quedando encomendada a su criado a medida que su atención resultaba cada vez más absorbida por los aspectos científicos de su actividad.
El estudio de la geología fue, en un principio, el factor que más contribuyó a convertir el viaje en la verdadera formación de Darwin como investigador, ya que con él entró inexcusablemente en juego la necesidad de razonar. Darwin se llevó consigo el primer volumen de los Principios de geología de Charles Lyell, autor de la teoría llamada de las causas actuales y que habría de ser su colaborador en la exposición del evolucionismo; desde el reconocimiento de los primeros terrenos geológicos que visitó (la isla de Santiago, en Cabo Verde), Darwin quedó convencido de la superioridad del enfoque preconizado por Lyell.
En Santiago tuvo por vez primera la idea de que las rocas blancas que observaba habían sido producidas por la lava derretida de antiguas erupciones volcánicas, la cual, al deslizarse hasta el fondo del mar, habría arrastrado conchas y corales triturados comunicándoles consistencia rocosa. Hacia el final del viaje, Darwin tuvo noticia de que Adam Sedgwick había expresado a su padre la opinión de que el joven se convertiría en un científico importante; el acertado pronóstico era el resultado de la lectura por el reverendo Henslow, ante la Philosophical Society de Cambridge, de algunas de las cartas remitidas por Darwin.



El Beagle en Tierra del Fuego (Argentina)


De entre los logros científicos obtenidos por Darwin durante el viaje, el primero en ver la luz (1842) sería la teoría sobre la formación de los arrecifes de coral por el crecimiento de éste en los bordes y en la cima de islas que se iban hundiendo lentamente. Junto a esta hipótesis y al establecimiento de la estructura geológica de algunas islas como Santa Elena, es preciso destacar el descubrimiento de la existencia de una cierta semejanza entre la fauna y la flora de las islas Galápagos con las de América del Sur, así como de diferencias entre los ejemplares de un mismo animal o planta recogidos en las distintas islas, lo que le hizo sospechar que la teoría de la estabilidad de las especies podía ser puesta en entredicho. Fue la elaboración teórica de esas observaciones la que, años después, resultó en su enunciado de las tesis evolutivas.


Los frutos de un viaje
Darwin regresó a Inglaterra el 2 de octubre de 1836; el cambio experimentado en esos años debió de ser tan notable que su padre, «el más agudo observador que se haya visto, de natural escéptico y que estaba lejos de creer en la frenología», dictaminó al volverlo a ver que la forma de su cabeza había cambiado por completo. También su salud se había alterado; hacia el final del viaje se mareaba con más facilidad que en sus comienzos, y en el otoño de 1834 había estado enfermo durante un mes. Se ha especulado con la posibilidad de que, en marzo de 1835, contrajera una infección latente de la llamada enfermedad de Chagas como consecuencia de la picadura de un insecto.
De todos modos, desde su llegada hasta comienzos de 1839, Darwin vivió los meses más activos de su vida, pese a las pérdidas de tiempo que le supuso el sentirse ocasionalmente indispuesto. Trabajó en la redacción de su diario del viaje (publicado en 1839) y en la elaboración de dos textos que presentaban sus observaciones geológicas y zoológicas. Instalado en Londres desde marzo de 1837, se dedicó a «hacer un poco de sociedad», actuando como secretario honorario de la Geological Society y tomando contacto con Charles Lyell.



Charles Darwin (detalle de un retrato de John Collier, 1881) 













       

                            

                            Virginia Woolf 





Adeline Virginia Stephen.
Londres, Reino Unido            1882-1941



Escritora británica. El nombre de Virginia Woolf figura junto con el de James Joyce, Thomas Mann o Franz Kafka entre los grandes renovadores de la novela moderna. Experimentando con la estructura temporal y espacial de la narración, perfeccionó en sus novelas el monólogo interior, procedimiento por el que intenta representar los pensamientos de un personaje en su forma primigenia, en su fluir inconsciente, tal y como surgen en la mente. Algunas de sus obras más famosas, como La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) o Las olas (1931), ejemplifican este recurso mediante un poderoso lenguaje narrativo en el que se equilibran perfectamente el mundo racional y el irracional. 

Woolf fue además pionera en la reflexión sobre la condición de la mujer, la identidad femenina y las relaciones de la mujer con el arte y la literatura, que desarrolló en algunos de sus ensayos; entre ellos, destaca por la repercusión que posteriormente tendría para el feminismo Una habitación propia (1932). No sólo abordó este tema en los ensayos, sino que también lo hizo en novelas como la inquietante y misteriosa Orlando (1928), en la que se difuminan las diferencias entre la condición masculina y la femenina encarnadas en el protagonista, un aristócrata dotado de la facultad de transformarse en mujer.


Virginia Woolf


Hija de sir Leslie Stephen, distinguido crítico e historiador, Virginia Woolf creció en un ambiente frecuentado por literatos, artistas e intelectuales. Tras el fallecimiento de su padre, en 1905, se estableció con su hermana Vanessa -pintora que se casaría con el crítico Clive Bell- y sus dos hermanos en el barrio londinense de Bloomsbury, que se convirtió en centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que figuraban intelectuales de la talla del escritor E. M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y que sería conocido como el grupo de Bloomsbury. Elementos comunes de esta heterogénea elite intelectual fueron la búsqueda del conocimiento y del placer estético entendidos como la tarea más elevada a que debe tender el individuo, así como un anticonformismo político y moral.

En 1912, cuando contaba treinta años, casó con Leonard Woolf, economista y miembro también del grupo, con quien fundó en 1917 la célebre editorial Hogarth Press, que editó la obra de la propia Virginia y la de otros relevantes escritores, como Katherine Mansfield, T. S. Eliot o S. Freud. Sus primeras novelas, Viaje de ida y Noche y día, ponen ya de manifiesto la intención de la escritora de romper los moldes narrativos heredados de la novelística inglesa anterior, en especial la subordinación de personajes y acciones al argumento general de la novela, así como las descripciones de ambientes y personajes tradicionales; sin embargo, estos primeros títulos apenas merecieron consideración por parte de la crítica.
Sólo con la publicación de La señora Dalloway y Alfaro comenzaron a elogiar los críticos su originalidad literaria. En estas obras llaman ya la atención la maestría técnica y el afán experimental de la autora, quien introducía además en la prosa novelística un estilo y unas imágenes hasta entonces más propios de la poesía. Desaparecidas la acción y la intriga, sus narraciones se esfuerzan por captar la vida cambiante e inasible de la conciencia. 

Influida por la filosofía de Henri Bergson, experimentó con especial interés con el tiempo narrativo, tanto en su aspecto individual, en el flujo de variaciones en la conciencia del personaje, como en su relación con el tiempo histórico y colectivo. Así, Orlando constituye una fantasía libre, basada en algunos pasajes de la vida de Vita Sackville-West, amiga y también escritora, en que la protagonista vive cinco siglos de la historia inglesa. En Las olas presenta el «flujo de conciencia» de seis personajes distintos, es decir, la corriente preconsciente de ideas tal como aparece en la mente, a diferencia del lógico y bien trabado monólogo tradicional. 

Escribió también una serie de ensayos que giraban en torno de la condición de la mujer, en los que destacó la construcción social de la identidad femenina y reivindicó el papel de la mujer escritora, como en Una habitación propia. Destacó a su vez como crítica literaria, y fue autora de dos biografías: una divertida recreación de la vida de los Browning a través de los ojos de su perro (Flush) y otra sobre el crítico Robert Fry (Fry). En uno de los accesos de una enfermedad mental que había obligado a ingresarla en varias ocasiones a lo largo de su vida, el 28 de marzo de 1941 desapareció de su casa de campo, hasta que días después su cuerpo fue hallado en el río Ouse.

Virginia Woolf formó parte del llamado CIRCULO BLOOMSBURY :


Vista del barrio londinense de Bloomsbury.
Con el nombre de Círculo o grupo de Bloomsbury se suele designar a un conjunto de intelectuales británicos que durante el primer tercio del siglo XX destacaron en el terreno literario, artístico o social.


Se designó así tomando el nombre del barrio de Londres que rodea al Museo Británico y donde habitaba la mayor parte de sus integrantes, que comenzó a reunirse en torno a 1907 en casa de la escritora Virginia Stephen (después Virginia Woolf) y de su hermana Vanessa, casada con el crítico de arte Clive Bell.


Estos intelectuales eran en su mayor parte miembros de la sociedad secreta denominada los apóstoles de Cambridge, y muchos de ellos publicaron en la editorial Hogarth Press que crearon Virginia y su marido Leonard Woolf.
Si algo tenía en común un grupo tan heterogéneo, como señala uno de sus miembros, Gerald Brenan en su Memoria personal, era un gran desprecio por la religión, si bien también compartían todos la reacción contra la moral victoriana y el realismo del siglo XIX. Por otra parte, todos se consideraban miembros de una élite intelectual ilustrada, de ideología liberal y humanista, y en su mayoría se habían educado con los mismos profesores en el Trinity College de Cambridge o en el King's College de Londres. Propugnaron especialmente la independencia de criterio y el individualismo esencial.


El grupo obtuvo una temprana relevancia en los medios cuando en 1910, miembros del círculo llevaron a cabo el «dreadnought hoax», una broma en la que se hicieron pasar por representantes de la realeza abisinia para ser recibidos en el acorazado HMS Dreadnought con honores de estado y que, debido a su repercusión en los medios, puso en ridículo a la Royal Navy.


Integraron el grupo la escritora Virginia Woolf, su esposo, Leonard Sidney Woolf, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, los críticos de arte Roger Fry y Clive Bell, el economista John Maynard Keynes, el sinólogo Arthur Waley, el escritor Gerald Brenan, el biógrafo Lytton Strachey, el crítico literario Desmond MacCarthy, el novelista y ensayista Edward Morgan Forster, la escritora Katherine Mansfield y los pintores Dora Carrington, Vanessa Bell y Duncan Grant.

En el terreno artístico sustentaron una gran admiración por Paul Gauguin, Vincent Van Gogh y, especialmente, Paul Cézanne, cuyo influjo fue determinante en el caso de Grant y Bell.






                                Joseph Carey Merrick




Joseph Carey Merrick (Leicester, Inglaterra, 5 de agosto de 1862 - Londres, 11 de abril de 1890) también conocido como "El Hombre Elefante", se hizo famoso debido a las terribles malformaciones que padeció desde el año y medio de edad.

Condenado a pasar la mayor parte de su vida trabajando en circos, sólo encontró sosiego en sus últimos años de vida. A pesar de su desgraciada enfermedad, sobresalió por su carácter dulce y educado. La mayor parte de su vida se le tildó de no tener una inteligencia destacada, pero en sus postrimerías demostró que tenía una inteligencia superior a la media. Padeció síndrome de Proteus, del cual podría representar el caso más grave conocido hasta el momento.


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Joseph Carey Merrick era hijo del matrimonio conformado por el comerciante Joseph Rockley Merrick y Mary Jane Merrick. Presentó los primeros síntomas de su enfermedad a los 18 meses. A partir de los 4 ó 5 años de edad, en su cuerpo empezaron a formarse bultos y los huesos de sus extremidades y su cráneo se desarrollaron de forma anormal. En la edad adulta no llegó a superar 1 metro 57 cm de altura. Según su propio testimonio, de niño nunca pudo jugar con sus compañeros de colegio puesto que sus piernas y su cadera deformadas se lo impedían. A partir de entonces, el coraje y la valentía para sobreponerse a su enfermedad serían las constantes que definirían su vida. Su madre, Mary Jane, se empeñó en que asistiera a la escuela.

 Ella, aunque procedía del campo y de familia muy humilde, sabía leer y escribir y estaba muy ligada a la iglesia bautista de Leicester. Colaboraba dando clases dominicales a los niños que no podían acudir a la escuela durante la semana porque tenían que trabajar.

Como las deformaciones de Joseph empezaban a ser ya espectaculares, muchas personas se agrupaban en la calle para observarlo, hecho que hizo que Mary Jane lo llevara y trajera personalmente del colegio. También lo llevaba consigo cuando daba clases en la escuela dominical. Así, Joseph pasó toda su infancia al lado de su madre, lo que le desarrolló una gran dependencia de ella. De mayor, siempre la recordó como una madre muy cariñosa y entregada a sus hijos.
Joseph tuvo dos hermanos menores: William, nacido en 1866 y que falleció de escarlatina en 1870, y Marion Eliza, nacida en 1867 y muerta en 1891. Sus hermanos menores eran sanos y no presentaron ninguna deformación.


El padre de Joseph, que siempre se había ganado la vida como cochero, abrió hacia 1870 una pequeña mercería que regentó junto a su mujer hasta 1873, año en que ella falleció a causa de la bronconeumonía. Según Joseph (que tenía por entonces 11 años), ése fue el peor suceso de su vida, incluso peor que su enfermedad, ya que junto con su madre se iba la única persona que le había demostrado amor verdadero y lo había cuidado. Se quedó totalmente solo, y en este punto es cuando empezaron sus mayores padecimientos.

Poco tiempo después, su padre volvería a casarse con una viuda que tenía dos hijos; con ello, sus desgracias se recrudecieron, entrando así en una de las etapas más infelices de su vida, ya de por sí trágica. Su madrastra y hermanastros no lo aceptaron y, además de las vejaciones continuas que le propinaban e ignorando todas las dificultades que le ocasionaban sus deformidades, le exigieron que trabajase y ganase dinero para contribuir al sustento de la familia. Le reprochaban continuamente que se escudaba en sus malformaciones para no tener que trabajar. Joseph recordaba que su madrastra solía quitarle el plato de comida cuando todavía estaba a medio terminar recriminándole que, con lo poco que aportaba al hogar, lo que se había comido era mucho más de lo que merecía.


Ante la insistencia de la madrastra, y gracias a la colaboración de su tío Charles Merrick, consiguió emplearse en una fábrica de cigarros. En ella, estuvo trabajando durante dos años, hasta que su gigantesca y deformadísima mano derecha le impidió seguir atando hojas y, consecuentemente, lo despidieron.
Las continuas humillaciones domésticas de las que era víctima, y aunque ello le supusiese perder el almuerzo, lo llevaron a escaparse varias veces de casa. Su padre salía a buscarlo y Joseph sólo accedía a regresar si su padre le prometía que lo tratarían mejor. En estas huidas tampoco conseguiría escapar al dolor, pues sufría una gravísima deformación en la cadera que, unida a una pronunciada escoliosis, le requerían un esfuerzo adicional para mantenerse en pie. Su padre, al que posteriormente en su autobiografía le reprocharía que nunca lo quiso como a un hijo, le consiguió una licencia de vendedor ambulante. Con un carro, Joseph recorría las calles de Leicester vendiendo artículos de la mercería de su padre. En pleno desarrollo de la adolescencia, las dolencias de Joseph empeoraban y su aspecto era ya impactante. Su imagen ya causaba sorpresa y, evidentemente, su labor como vendedor fue un fracaso total.


Por esos días, la mandíbula de Joseph ya estaba deformada y un gran tumor le iba creciendo justo encima de la boca haciendo que su manera de hablar fuera casi ininteligible. Al final de su vida Merrick describiría cómo en ese nuevo periplo por las calles de Leicester, niños y mayores se apiñaban a su alrededor gritándole e insultándolo. Al no vender nada, en su casa las cosas no mejoraron y a veces, Joseph daba a su padre el dinero que le daban para el almuerzo haciéndolo pasar como si fuera dinero obtenido de las ventas, así que prefería pasar el día sin comer antes que soportar las reprimendas de su madrastra.
Finalmente, la insoportable presión familiar, los sucesivos ultimátum de su madastra hacia su padre y un castigo físico hicieron que Joseph se marchara de casa para siempre llevándose sus pocas pertenencias en su carro de vendedor a la edad de 15 años. Tras marcharse de casa, continuó vendiendo durante el día las mercancías de la mercería que se había llevado consigo y por la noche dormía en la calle. Su tío, Charles Merrick, hermano menor de su padre, regentaba una barbería y alertado por vecinos de la situación de su sobrino, salió a buscarlo y lo tuvo en su casa durante dos años. Joseph siempre recordó el buen trato que recibió de sus tíos. Su tío, quien falleció en 1925, testimonió el mal trato que recibió Joseph por parte de su madrastra y el total abandono de su padre. Este hecho hizo que las relaciones entre Charles y su hermano fueran muy tensas. También mencionaba Charles Merrick la gran voluntad de su sobrino a quien veía salir todos los días a vender con su carro aun sabiendo que regresaría con las manos vacías.


En 1879, la vida de Joseph volvió a complicarse. El gremio local de vendedores ambulantes había denunciado que Joseph Merrick daba "mala imagen" al sector y pidió que no se le renovara la licencia para vender. Joseph ignoraba esa queja y cuando fue a renovar su licencia se encontró que le negaban la renovación. La casa de su tío era muy pequeña y Charles y su esposa esperaban un hijo. Joseph pensó que era una carga muy grande para ellos y que no debía abusar de su amabilidad. Aun en contra de la opinión de su tío, Joseph decidió ingresar en la Leicester Union WorkHouse a finales de 1879. Las condiciones de vida de las denominadas Workhouse (casas de trabajo) eran sumamente duras y Joseph las resistió durante 12 semanas. Salió, pero sólo por dos días. Cuando se dio cuenta de que jamás encontraría trabajo como una persona normal, tuvo que regresar y permaneció allí durante cuatro años.
Joseph siempre habló de su estancia en ese local con miedo y horror. Al cuarto año de estar allí, la protuberancia que le crecía en la cara ya le impedía comer y los responsables de la Work House creyeron conveniente llevarlo a la "Leicester Infirmary" para que lo operaran y de paso, se lo quedaran ya que en la Work House no se daba asilo a aquellos que no podían ganarse la sopa y la cama que les ofrecía el Estado inglés a cambio de trabajo.


En la Leicester Infirmary le operaron de la protuberancia en forma de trompa de elefante que dio origen a su apodo. Joseph recordaba que la operación fue muy dolorosa pero que le consiguieron quitar medio kilogramo de tejido y que pudo volver a comer mejor y hablar con más claridad. Mientras se recuperaba de la operación se acrecentó su deseo de no regresar a la Work House y pensó cómo podía ganarse la vida. Exhibirse en las ferias ambulantes de la época, era la única salida para él aunque no le gustaba la idea. Merrick supo por un periódico que un conocido promotor de ferias llamado Sam Torr estaba en Leicester y decidió escribirle contándole su situación y que estaba interesado en trabajar para él. El promotor en cuanto lo vio, supo que iba a hacer negocio. Inmediatamente lo incorporó en su feria y así Joseph empezó su tránsito por Inglaterra exhibiéndose. Su número era una gran atracción, corría el año de 1883.


De Sam Torr pasó a la feria del empresario Tom Norman. De su etapa en las ferias ambulantes, no tenía un mal recuerdo e incluso llegó a hacer amistades con otros compañeros de trabajo. Con Tom Norman llegó a Londres a finales de 1884. Norman consiguió alquilar un local frente del "Royal London Hospital" (Hospital Real de Londres) donde exhibió a Joseph durante unas semanas. Fue por ese tiempo que el médico Frederick Treves vio a Joseph por primera vez debido a una recomendación de unos estudiantes de medicina que conocían su interés por todo lo relacionado con las enfermedades deformantes. Treves quedó fuertemente impactado con el aspecto de Joseph Merrick y solicitó a Tom Norman que le dejase hacerle un reconocimiento médico. Treves observó a primera vista que Joseph había sido operado en la cara puesto que le notó la cicatriz y el queloide consiguiente que se le había formado sobre el labio superior.
Treves dio una tarjeta de visita a Tom Norman que le permitiría poder entrar en el hospital sin cita previa y sin preguntas. Gracias a esa tarjeta, Tom Norman llevó a Joseph Merrick discretamente al hospital y allí Treves lo tuvo varios días haciéndole reconocimientos y lo mostró a la comunidad científica del hospital y de otros centros médicos. Quedando patente que la enfermedad era incurable y que no se podía quedar en el hospital, Joseph tuvo que abandonar el establecimiento. Durante ese tiempo, Joseph por timidez, miedo y porque no se expresaba bien debido a su boca deformada no mantuvo casi conversación con Treves. Tal fue su mutismo que Treves pensó que tenía retraso mental, aunque ello no era cierto.


La exhibición en Londres continuó hasta casi la primavera de 1885, cuando fue cerrada por las autoridades. No era la primera vez que la exhibición de Joseph era clausurada por encontrarla "indecente" debido al sorprendente aspecto que tenía. En casi todos los lugares donde trabajaba, su exhibición era cerrada. En esta situación, Tom Norman conoció a un promotor italiano llamado Ferrari quien le propuso llevarse a Joseph al continente europeo. Debido a que Joseph Merrick ya no podía trabajar en Inglaterra, Norman decidió que éste se marchara con Ferrari, aunque al promotor inglés nunca le dio buena impresión el italiano.
Era costumbre por entonces que los promotores guardaran las ganancias de sus atracciones, así que Norman le dio las 50 libras que Joseph había ganado sin que éste protestara. Ferrari y Joseph se embarcaron rumbo a Bélgica en junio de 1886. Lo que ambos no esperaban es que en Europa las leyes acerca de la exhibición de personas con deformidades eran muy severas. Y las exhibiciones de Joseph eran cerradas a los pocos días de ser abiertas no teniendo casi ganancias ni para sustentarse. Yendo de ciudad en ciudad, perseguidos por las autoridades llegaron a la ciudad de Bruselas. Allí, Ferrari abandonó a su suerte a Joseph llevándose las 50 libras que Merrick había ganado tras dos años de trabajo.


Solo y sin conocer el idioma francés consiguió empeñar unas pocas pertenencias. Con gran dificultad llegó a Ostende, donde compró un pasaje para regresar a Inglaterra. Tuvo problemas para que le dejaran embarcar ya que un capitán no lo quiso en su barco. Logró al fin que le dejaran subir en un barco, pero bajo la condición de que no se mezclara con el resto de los pasajeros. Como hacía mal tiempo tuvo que quedarse escondido en la cubierta a la intemperie durante las diez horas de viaje (la mayor parte de ellas de noche), lo que le provocó bronquitis. Atracó en la ciudad de Dover donde tomó un tren hacia Londres. En el tren también procuró subir a un vagón vacío y se escondió en un rincón para no ser observado a la vez que evitar un tumulto.
Merrick llegó a la estación de Liverpool Street en Londres hacia las siete de la mañana de un día de diciembre de 1886. Al bajar del tren, la gente se dio cuenta de su presencia y le empezaron a increpar, a rodearle e intentar quitarle la gorra con el velo que escondía su cara. Joseph intentó escapar inútilmente. Cuando llegó la policía, Merrick estaba al borde de un ataque de locura, hablaba atropelladamente y no se podía hacer entender. No conocía absolutamente a nadie en Londres y no conocía la ciudad ya que a pesar de haber recorrido toda Inglaterra jamás salía de su caravana o de su lugar de exhibición. A las preguntas de la policía sólo acertó en enseñar la tarjeta del doctor Frederick Treves que había conservado durante casi dos años. Treves fue llamado a la estación y se lo llevó consigo al London Hospital. Allí le hizo ingresar de modo fraudulento, lo que le trajo problemas con sus superiores.

El director del hospital entendió la situación de Joseph, pero el London Hospital no aceptaba por entonces enfermos crónicos. Se consideró la posibilidad de enviarlo a algún asilo, pero en todos lo rechazaron. Joseph Merrick sugirió que lo mandasen a la instalación de un faro marítimo o a un asilo para ciegos y pidió reiteradamente que no lo mandaran a una Work House. Según Treves, sentía pánico ante la idea de poder volver a una institución semejante. El solicitar ir a un faro era porque en ese momento Joseph tenía auténtico pánico a la gente, y el ir al asilo de ciegos era para poder relacionarse con gente sin la angustia de que lo vieran y así lo trataran con normalidad.

Sin embargo, el director del hospital tuvo la idea de insertar un anuncio en la prensa solicitando ayuda económica para poder hacer un fondo para Joseph y así justificar el poder tenerlo alojado de por vida. La respuesta de la sociedad inglesa fue un éxito; se recibieron cuantiosas sumas de dinero. Solucionado el tema económico, se habilitaron unas habitaciones para Joseph que se convertirían en su último hogar.
Nuevamente logró gran repercusión cuando la propia Alexandra, Princesa de Gales, y el Duque de Cambridge se interesaron personalmente por la suerte del infortunado Merrick. Sería ahí donde Merrick, una vez alcanzada la paz que tanto había ansiado, se dedicó a sus dos grandes pasiones: la lectura de novelas románticas y la escritura. También, pronto, y persuadido por el doctor Frederick Treves, Merrick comenzó a recibir visitas, a las cuales siempre sorprendió con su extraordinaria educación y sensibilidad. De entre las numerosas personalidades con las que se entrevistó destaca la de la Princesa de Gales, a quien recibió en varias ocasiones.

Fallecimiento

En la mañana del 11 de abril de 1890, a los 27 años de edad, en la etapa más feliz de su vida, Joseph Carey Merrick fue encontrado muerto en su cama. Treves, tras un examen, concluyó que murió de asfixia al quedarse dormido. La cabeza de Merrick era enorme y sólo con esfuerzo conseguía mantenerla erguida. Su desmesurado peso y tamaño impedían que Merrick pudiese dormir tumbado, obligándolo siempre a que lo hiciese sentado y en una posición especial; de otra forma las deformidades le comprimían la tráquea y le dificultaban gravemente la respiración. Sin embargo, actualmente, tras análisis más detallados de su esqueleto, más que por asfixia, se estima como la causa más probable de su muerte que repentinamente su cabeza se inclinara debido a su desproporcionado peso y se lesionara la nuca.

La persona

En todos los homenajes a su persona siempre se cita como el rasgo más significativo de su carácter el coraje que supo imponer desde el primer momento a la inhumana crueldad de su enfermedad. Tampoco dejó de maravillar a sus interlocutores el trato dulce y educado que dispensaba, así como la sensibilidad especial con la que Merrick solía teñir sus impresiones. Llegó a trascender ampliamente el episodio en el que, ya al final de su vida, después de que una mujer le diera por primera vez la mano, Merrick se deshiciera y rompiera a llorar por la intensa emoción que le produjo no sentirse rechazado; sentimiento al que habría que unir la especial admiración que siempre sintió por el sexo femenino. Sin embargo, póstumamente el rasgo que mayor interés ha despertado de la personalidad de Joseph Merrick es cómo después de las humillaciones, las palizas y el ostracismo al que fue sometido, se mantuviera desprovisto de rencor, y siempre consiguiese sobreponer su carácter dulce e inocente. Tanto es así que Ashley Montagu, reconocido antropólogo de la Universidad de Princeton, escribió un estudio acerca de este increíble aspecto de su personalidad titulado "El Hombre-Elefante: Un Estudio acerca de la Dignidad Humana". Por otro lado, y aunque durante largo tiempo de su vida se ignoró esta otra destacable cualidad, a Joseph Merrick se le reconoció una inteligencia por encima de la media. La sociedad de entonces quiso transformar a Merrick en un monstruo; pero él, con su carácter humano, desveló a la sociedad como tal.
Tenía un vocabulario extenso y, a pesar de haberse pasado la mayor parte de su vida en el ambiente de la farándula, no sólo sabía leer y escribir correctamente, sino que aún lo hacía con estilo notable; hechos que, en el Londres victoriano de fines del siglo XIX, resultarían sobresalientes para cualquier persona de clase media o baja. Precisamente es de los estudios de sus escritos de donde se deduce una persona de carácter ingenuo e infantil, y de mirada maravillada y simplificadora. Por último, es imprescindible subrayar el profundo amor que nunca dejó de sentir por su madre, mujer hermosa cuya muerte, incluso por encima de su atroz enfermedad, y en un gesto de admirable humildad, siempre reconoció y padeció como la tragedia más grande de su vida. Quizá porque con su ausencia se le despojó de todo amor, y porque fue la única que vio tras él al hijo y a la persona.


La enfermedad


Fotografía de Joseph Merrick 
tomada para el estudio de la enfermedad en 1888.


Merrick, siempre bajo una mirada simplificadora e inocente, creyó que la causa de sus deformaciones procedía del ataque, durante una feria, de un elefante a su madre cuando ésta se encontraba embarazada de él. De acuerdo con sus propias palabras:

Vi la luz por primera vez el 5 de agosto de 1862. Nací en Lee Street, Leicester. La deformidad que exhibo ahora se debe a que un elefante asustó a mi madre; ella caminaba por la calle mientras desfilaba una procesión de animales. Se juntó una enorme multitud para verlos, y desafortunadamente empujaron a mi madre bajo las patas de un elefante. Ella se asustó mucho. Estaba embarazada de mí, y este infortunio fue la causa de mi deformidad.


Desde un punto de vista científico, inicialmente se creyó que Merrick padecía filariasis, comúnmente denominada elefantiasis, y cuya causa es un gusano que actúa a modo de parásito. Sin embargo la filariasis es una enfermedad tropical que no tiene presencia en las islas británicas, y en ningún caso produce las graves deformaciones óseas que sufrió Merrick. Posteriormente, se rediagnosticó el caso y se pasó a creer que padeció neurofibromatosis, también conocida como enfermedad del hombre elefante. Tiempo después, también se descartó esta posibilidad, pues algunos síntomas característicos de la neurofibromatosis entran en clara contradicción con evidencias encontradas en el caso de Merrick. Actualmente, y de forma mayoritaria, la comunidad médica cree que la enfermedad que padeció fue una severa variación del Síndrome de Proteus. Aun así, no se descarta que realmente se tratase de una enfermedad nueva, y de la cual Merrick tuviera el infortunio de haber sido el único caso registrado hasta ahora.



El propio doctor Frederick Treves se encargó de su autopsia y de preparar su esqueleto para la exhibición. También guardó en formol unas muestras de tejido de Joseph pero desgraciadamente se perdieron durante un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. Treves lo hizo con la esperanza de que los avances de la medicina pudieran desentrañar en el futuro qué enfermedad afectó a Merrick. Gracias a la excelente conservación del esqueleto, se le han podido hacer pruebas radiológicas que señalan que el mal que sufría Joseph Merrick sería el Síndrome de Proteus.






En el historial clínico del Royal London Hospital se describían así las deformaciones de Joseph Merrick:

... una enorme y deformada cabeza, la extremidad superior derecha y ambas extremidades inferiores muy torcidas, acentuando alargamiento e hipertrofia de la mayor parte de los dedos de la mano derecha, escoliosis y una pronunciada cojera en la cadera izquierda. Presentaba innumerables nódulos y masas papilares, a modo de coliflor, ampliamente diseminadas en la piel y tejidos blandos del cuero cabelludo, parte derecha de la cara, espalda, posaderas y extremidades. Del maxilar superior sobresalía una masa de hueso, creando una apariencia peculiar a modo de probóscide; esta masa había recidivado después de su resección a la edad de 20 años.



Merrick llegó a describirse a sí mismo de la siguiente manera:

Mi cráneo tiene una circunferencia de 91,44 cm, con una gran protuberancia carnosa en la parte posterior del tamaño de una taza de desayuno. La otra parte es, por describirla de alguna manera, una colección de colinas y valles, como si la hubiesen amasado, mientras que mi rostro es una visión que ninguna persona podría imaginar. La mano derecha tiene casi el tamaño y la forma de la pata delantera de un elefante, midiendo más de 30 cm de circunferencia en la muñeca y 12 en uno de los dedos. El otro brazo con su mano no son más grandes que los de una niña de diez años de edad, aunque bien proporcionados. Mis piernas y pies, al igual que mi cuerpo, están cubiertos por una piel gruesa y con aspecto de masilla, muy parecida a la de un elefante y casi del mismo color. De hecho, nadie que no me haya visto creería que una cosa así pueda existir.




Merrick y el arte

 Una de las personalidades que más ayudó a Merrick fue una actriz, de apellido Kendall. La señora Kendall se sensibilizó mucho por el caso de Joseph y se movilizó para ayudar a recaudar fondos para él. Aunque parezca insólito, Merrick y la señora Kendall nunca se conocieron en persona puesto que ella por aquellos días estaba de gira por Inglaterra y Estados Unidos. Se carteaban y una vez Joseph le comentó que siempre le hubiera gustado aprender el oficio de cestero. La señora Kendall contrató a un artesano cestero que le enseñó. Aún teniendo serias dificultades con su mano derecha, aprendió rápidamente el oficio. Pasaba mucho tiempo fabricando cestos y otros utensilios en mimbre que luego regalaba a todo aquel que tenía amistad con él o que le trataba con amabilidad y respeto. Era su manera de sentirse útil. A pesar de que su mano izquierda era pequeña y frágil como la de un niño de doce años y la derecha enorme, tenía una gran habilidad y paciencia para los trabajos manuales. También lo demuestran las construcciones de cartón que hizo y que regalaba a todo aquel que era amable con él. Ha sobrevivido una, que está expuesta en el London Hospital y representa a la iglesia que Merrick podía ver desde la ventana de su habitación en el hospital, y destaca por la minuciocidad de sus detalles. Fue un regalo para la propia señora Kendall.



El esqueleto de Joseph

En el museo del Royal London Hospital, actualmente no se exhibe el esqueleto de Joseph, pero sí algunas pertenencias suyas: un sofá con ruedas que tuvo en sus dependencias en el hospital, cartas manuscritas suyas, el libro de admisiones del Hospital con su entrada, el gorro con el trapo cosido que le cubrían la cara y la cabeza (fabricado por Tom Norman) y vaciados de yeso que le realizaron una vez muerto. Aunque durante años la prensa sensacionalista aseguró que el cantante Michael Jackson quería comprar sus restos, el artista lo desmintió rotundamente durante una entrevista con Oprah Winfrey en 1993.


Firma

Merrick era por naturaleza, diestro. Pero la deformidad de la mano derecha le obligó a volver a aprender a escribir con la izquierda y logró hacerlo, con la gran voluntad que le caracterizaba, con una caligrafía elegante y perfectamente legible. Firmaba sin rúbrica, simplemente escribía "Joseph Merrick".


Merrick en el cine

El director estadounidense David Lynch llevó al cine la vida de Joseph Merrick en la película El hombre elefante (1980). En ella, John Hurt interpreta a Joseph Merrick y Anthony Hopkins, al doctor Frederick Treves. Fue nominada a ocho premios Óscar —incluyendo actor, dirección artística, vestuario y director—. Proclamada como una de las mejores películas dramática de toda la historia del cine, fue una película alabada por la crítica como acogedora, bellísima, atractiva e inquietante cinta de cine, convirtiéndose así en una película de culto.



El poema de Watts

Joseph Merrick siempre impresionó por su especial sensibilidad. Un reflejo de ello es un cuarteto que escribió y que unió a otros cuatro versos del poeta y pastor protestante Isaac Watts que escribió tres libros de poesía. Los baptistas suelen usarlos como himnos cantados en sus servicios religiosos. Éste en concreto, que parece el favorito de Joseph, se encuentra en el libro segundo de Horae Lyricae. Es un fragmento de un poema titulado False Greatness ("Falsa Grandeza" cuyos cuatro primeros versos son de Merrick, los cuatro últimos de Watts):




Is true that my form is something odd,
But blaming me is blaming God;
Could I create myself anew
would not fail pleasing you.
If I could reach from pole to pole
Or grasp the ocean with a span,
I would be measured by the soul
The mind´s the standard of the man.
Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo
procuraría no fallar en complacerte.
Si yo pudiese alcanzar de polo a polo
o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma,
La mente es la medida del hombre.












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